sábado 27 de junio de 2009

El 12-6-2009 falleció el pintor Leopoldo Presas


Leopoldo Presas había nacido en Buenos Aires el 21 de febrero de 1915, en un humilde hogar de Barracas. Ingresó en la Academia Nacional de Bellas Artes, que abandonó tras pocos años para asistir a las clases particulares del maestro Lino Enea Spilimbergo en la Escuela de Artes Gráficas, mientras se ganaba la vida diseñando estampados para textiles. La educación del trazo que dejó Spilimbergo en el joven Presas no abandonó jamás su pintura.

En 1939 integró el Grupo Orión, con Luis Barragán, Vicente Forte, Juan Fuentes e Ideal Sánchez, entre otros, con una estética ecléctica, pero influida por el surrealismo y la pintura metafísica. Enseguida debió privilegiar el trabajo como diseñador textil y abandonó la pintura, a la que regresó años más tarde, gracias a la inspiración y la insistencia de su amigo Santiago Cogorno. En esos años conoció a su mujer, Elsa Legaspi Salgado, con quien tuvo tres hijos.

En 1946, Presas realizó su primera exposición individual y en esos años empezó a enviar obras a los salones. Obtuvo numerosos premios, entre ellos algunos de los más importantes del país, como el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, en 1959, y el Premio Palanza, en 1963. En esos años realizó, en colaboración con Torres Agüero, uno de los murales de la galería Santa Fe, que popularizó su nombre.

Fue en la década del 60, ya en plena consagración profesional, cuando se produjeron los cambios más radicales de su pintura, y pasó de la inspiración cubista a una impronta expresionista y gestual, con una materia cada vez más abundante.

Vivió en París entre 1979 y 1987, donde, paradójicamente, pintó su serie de puertos dedicada al Riachuelo de Buenos Aires. De regreso a la Argentina, continuó pintando incansablemente en su taller de Núñez, que, como sucedía en el que había tenido años antes en Cerrito y Santa Fe, se convirtió en lugar de encuentro de amigos y discípulos que lo seguían con admiración.

Pintor de óleo y témpera, Presas era un excelente dibujante; practicó la técnica de los tapices y fundó en 1972 en La Boca el Taller de la Orilla, especializado en impresiones litográficas, serigráficas y otras técnicas de grabado artístico.

La protagonista constante de su pintura fue la figura humana, sobre todo la femenina, su inspiración más frecuente, que pintó con ternura y con sensualidad. Las naturalezas muertas, las flores y los retratos fueron sus otros temas recurrentes, aunque también creó obras de crítica social, como su serie de los cerdos, la inquietante serie de crucifixiones, los motivos de la Guerra de Vietnam y las pinturas eróticas.

Admirador de Chesterton y Wells, jugador de ajedrez, "Toto" era un hombre amable y bondadoso. Realizó múltiples exposiciones en el extranjero y participó de las bienales de Venecia y San Pablo con sus obras.

Las exposiciones retrospectivas más recientes de su obra en Buenos Aires se realizaron en 1994 en el Palais de Glace (organizada por la galería Zurbarán), en 2006 en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, y entre noviembre de 2008 y marzo de 2009 en el Museo Sívori. En los últimos años, había ganado el Premio a la Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes (2001) y el Premio Cultura Nación (2007).

Presas estaba convencido de que la habilidad de pintar podía apagarse de pronto. "Uno puede despertarse un día y ya no ser más pintor", dijo en 1975, en una entrevista.

Siguió: "Uno finalmente se va a morir, y eso es un poco más serio que dejar de pintar, porque la vida es más importante que la pintura. Igual que para morir, hay que estar preparado para dejar de ser pintor cuando Dios quiera". A Leopoldo Presas, la vida se le terminó antes que la pasión por la pintura.

Kodachrome


La empresa Eastman Kodak anunció ayer el retiro del mercado de su película Kodachrome, su producto de mayor antigüedad y la víctima más reciente de la era digital, informó la agencia AP. La primera película de fotografía en color de éxito comercial en el nivel mundial, que incluso fuera inmortalizada en una canción del famoso cantautor estadounidense Paul Simon, estuvo en el mercado durante 74 años. El producto tuvo su época de esplendor en las décadas de 1950 y de 1960, pero en décadas más recientes había quedado casi en el olvido: las ventas de Kodachrome ahora sólo representaban una fracción del 1% de las ventas de rollos de fotos de la empresa y sólo un laboratorio comercial en el mundo los procesaba, en Panamá. Las cifras contundentes y los productos especiales necesarios para mantener su existencia convencieron a Kodak de eliminar su producción, dijo Mary Jane Hellyar, directora saliente del grupo Kodak. "El retiro de Kodachrome es difícil porque, en realidad, se ha convertido en un símbolo", destacó Hellyar.Actualmente la empresa recibe el 70% de sus ganancias del negocio digital, pero tiene planes de mantener el negocio de los rollos de película en el futuro "mientras sea posible", aclaró Hellyar". Toda vez que podamos contar con componentes comunes y diseños y químicos que puedan ser usados en otros productos estaremos en una posición fuerte para poder continuar satisfaciendo las necesidades de nuestros clientes", señaló la ejecutiva. Kodachrome, debido a su fórmula específica, no coincidía con otros productos en filosofía y sólo se fabricaba una vez al año.

viernes 13 de febrero de 2009

Darwin 200 Años

Crítica / Jorge Lanata

Como ocurre con Galileo, Newton, Einstein e incluso con Stephen Hawking, a Charles Darwin se lo menciona y homenajea más de lo que se lo lee. No importa que su obra cumbre, El origen de las especies (1859) –su “larga argumentación”, como él la llamó y que le tomó 23 años en terminar– haya provocado un terremoto intelectual (por lo que debería ser de lectura obligatoria). No importa que también haya escrito largo y tendido otros 16 libros más sobre la fecundación de las orquídeas, la expresión de las emociones y corales, entre otros temas. Al máximo naturalista hipocondríaco –que ayer hubiera cumplido 200 años– se lo conoce más por su exterior (su barba abandonada, su mirada perdida y preocupada) y a partir de obras inspiradas en su vida y obra.

Con Albert Einstein (con quien compartió tres años en la Tierra: el físico alemán nació en 1879 y Darwin murió en 1882), compite en ver quién cataliza más libros. La “biblioteca Darwin” es tan vasta que leerla completamente demandaría más de una vida. Si bien hay obras brillantes como olvidables, ninguna excursión al pensamiento darwiniano debería excluir las siguientes postas:

1. EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, Charles Darwin. Curiosamente, en la Argentina sólo dos editoriales lo distribuyen (Edaf y Longseller). Como Galileo en su libro El mensajero sideral (1610), Darwin eligió un estilo sencillo, elegante como emotivo. Se recomiendan los primeros cinco capítulos y complementar la lectura con El origen del hombre (editorial Edaf). También se lo puede leer online: http://fon.gs/t7cu8a

2. AUTOBIOGRAFÍA, Charles Darwin, ed. Continente. Darwin habla de Darwin: su infancia, su afán por la caza, sus años de juerga, sus miedos, la importancia de la figura de su padre, su relación con su prima-esposa y cómo la muerte de su hija lo empujó al agnosticismo.

3. DIARIO DE LA PATAGONIA, Charles Darwin, ed. Continente. Antes de ser una celebridad mundial, Darwin visitó la Argentina entre 1833 y 1834. Conoció Bahía Blanca (donde halló fósiles de animales extintos) y enfiló hacia la Patagonia. Cazó vacas, mató un cóndor, se reunión con Rosas, visitó las Malvinas, recogió crustáceos, observó guanacos. Y una vez en Tierra del Fuego se sorprendió ante los indios fueguinos.

4. LA ESTRUCTURA DE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN, Stephen Jay Gould, Tusquets. Es el estudio más detallado escrito hasta la fecha sobre la teoría de la evolución por selección natural. Antes de morir en 2002, Gould –uno de los mejores divulgadores de la historia– dejó esta biblia darwinista.

5. HISTORIA DE EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, Janet Browne, Debate. Como en Evolución: la asombrosa historia de una teoría científica (de Edward Larson), esta historiadora inglesa disecciona la obra cumbre de Darwin prestándoles atención a las anécdotas más interesantes (como cuando el reverendo Elwin instó al editor de Darwin, John Murray, a no publicar el libro). El mismo enfoque es elegido por Niles Eldredge en Darwin: El descubrimiento del árbol de la vida (Katz).

6. EL LEGADO DE DARWIN, John Dupré. Katz editores. Como lo hizo Daniel Dennett en su ultrarrecomendable La peligrosa idea de Darwin, Dupré cuenta cómo Darwin trascendió fuera de la biología. Describe su impacto en psicología, filosofía y las luchas dentro del propio darwinismo. 

7. DECONSTRUYENDO A DARWIN, Javier Sampedro, Crítica. Cómo la genética y la biología molecular le dan la razón a Darwin. 

8. QUÉ ES (Y QUÉ NO ES) LA EVOLUCIÓN, María Susana Rossi y Luciano Levin, Siglo XXI. Mezcla de ficción con realidad, consiste en una narración dialogada que disipa los principales malentendidos alrededor del pensamiento de Darwin.

9. EL RELOJERO CIEGO, Richard Dawkins, RBA. Continuación de El gen egoísta, este libro escrito por el biólogo más polémico del momento explica cómo funciona la selección natural, ese proceso ciego y automático.

10. DARWIN PARA PRINCIPIANTES, Jonathan Miller, Longseller. Como Evolución para todos (Paidós), es de los libros más introductorios sobre Darwin. Ideal para escuelas y chicos (y grandes que siguen sin entender).

jueves 12 de febrero de 2009

25 años sin Julio Cortázar






Abraham Lincoln 200 Años

Darwin 200 Años









DARWIN 200 años

Charles Darwin


Richard Dawkins : The Times


How can you say that evolution is “true”? Isn’t that just your opinion, of no more value than anybody else’s? Isn’t every view entitled to equal “respect”? Maybe so where the issue is one of, say, musical taste or political judgement. But when it is a matter of scientific fact? Unfortunately, scientists do receive such relativistic protests when they dare to claim that something is factually true in the real world. Given the title of Jerry Coyne’s book, this is a distraction that I must deal with.

A scientist arrogantly asserts that thunder is not the triumphal sound of God’s balls banging together, nor is it Thor’s hammer. It is, instead, the reverberating echoes from the electrical discharges that we see as lightning. Poetic (or at least stirring) as those tribal myths may be, they are not actually true.

But now a certain kind of anthropologist can be relied on to jump up and say something like the following: Who are you to elevate scientific “truth” so? The tribal beliefs are true in the sense that they hang together in a meshwork of consistency with the rest of the tribe’s world view. Scientific “truth” is only one kind (“Western” truth, the anthropologist may call it, or even “patriarchal”). Like tribal truths, yours merely hang together with the world view that you happen to hold, which you call scientific. An extreme version of this viewpoint (I have actually encountered this) goes so far as to say that logic and evidence themselves are nothing more than instruments of masculine oppression over the “intuitive mind”.

Listen, anthropologist. Just as you entrust your travel to a Boeing 747 rather than a magic carpet or a broomstick; just as you take your tumour to the best surgeon available, rather than a shaman or a mundu mugu, so you will find that the scientific version of truth works. You can use it to navigate through the real world. Science predicts, with complete certainty unless the end of the world intervenes, that the city of Shanghai will experience a total eclipse of the sun on July 22, 2009. Theories about the moon god devouring the sun god may be poetic, and they may cohere with other aspects of a tribe’s world view, but they won’t predict the date, time and place of an eclipse. Science will, and with an accuracy you could set your watch by. Science gets you to the moon and back. Even if we bend over backwards to concede that scientific truth is no more than that which enables you to pilot your way reliably, safely and predictably around the real universe, it is in exactly this sense that – at the very least – evolution is true. Evolutionary theory pilots us around biology reliably and predictively, with a detailed and unblemished success that rivals anything in science. The least you can say about evolutionary theory is that it works. All but pedants would go further and assert that it is true.

Whence, then, comes the oft-parroted canard, “Evolution is only a theory”? Perhaps from a misunderstanding of philosophers who assert that science can never demonstrate truth. All it can do is fail to disprove a hypothesis. Evolution is an unfalsified hypothesis – one that was vulnerable to falsification but has so far survived. Scientists generally don’t mind this kind of philosopher and even thank him for taking care of such matters, thereby freeing them to get on with advancing knowledge. They might, however, venture that what is sauce for the goose of science is sauce for the gander of everyday experience. If evolution is an unfalsified hypothesis, then so is every fact about the real world; so is the very existence of a real world.

This kind of conversation is swiftly and rightly sidelined. Evolution is true in whatever sense you accept it as true that New Zealand is in the Southern Hemisphere. If we refused ever to use a word like “true”, how could we conduct our day-to-day conversations? Or fill in a census form: “What is your sex?” “The hypothesis that I am male has not so far been falsified, but let me just check again”. As Douglas Adams might have said, it doesn’t read well. Yet the philosophy that imposes such scruples on science has no basis for absolving everyday facts from the same circumlocution. It is in this sense that evolution is true – provided, of course, that the scientific evidence for it is strong. It is very strong, and Professor Coyne displays it for us in a way that no objective reader could fail to find compelling.

Here I must anticipate another favourite accusation that will, as I know from personal experience, be plonkingly levelled against Coyne and his book: “Why bother? You are tilting at a dead horse, flogging windmills. Nobody takes creationism seriously, nowadays”. (Translation: “The Regius Professor of Theology at my University is no creationist, the Archbishop of Canterbury accepts evolution, therefore you are wasting your time arguing the case”.) The melancholy facts are these. Polls in both Britain and the United States show a majority wanting “intelligent design” to be taught in science classes. In Britain, according to MORI, only 69 per cent want evolution to be taught at all. In America, more than 40 per cent believe that “life on Earth has existed in its present form since the beginning of time” (Pew) and that “God created human beings pretty much in their present form at one time within the last 10,000 years or so” (Gallup).

Science teachers, especially in America but increasingly in Britain, feel beleaguered, and it is small comfort to them if a handful of theologians and bishops occasionally murmur a word of support for evolutionary science. Occasional murmurs are not enough. In October 2008, a group of about sixty American science teachers met to compare notes, at the Center for Science Education at Emory University in Atlanta, and they had some revealing experiences to relate. One teacher reported that students “burst into tears” when told they would be studying evolution. Another teacher described how students repeatedly screamed, “No!” when he began talking about evolution in class.

Such experiences are common throughout the United States, but also, I am loath to admit, in Britain. The Guardian reported that, in February 2006, “Muslim medical students in London distributed leaflets that dismissed Darwin’s theories as false”. The Muslim leaflets were produced by the Al-Nasr Trust, a registered charity with tax-free status. The British taxpayer, that is to say, is subsidizing the systematic distribution of scientific falsehood to educational institutions. Science teachers across Britain will confirm that they are coming under slight, but growing, pressure from creationist lobbies, usually inspired by American or Islamic sources.

So, let nobody have the gall to deny that Coyne’s book is necessary. Not just his book, and here I must declare an interest. February 12, 2009, was Charles Darwin’s 200th birthday, and the 150th anniversary of The Origin of Species falls this autumn. Publishers being as anniversary-minded as they are, Darwin-related books were obviously to be expected this year. Nevertheless, it is true to say that neither Jerry Coyne nor I was aware of the other’s book on the evidence for evolution when we began our own – his published now, mine in the autumn. And our two books may not be the only ones. Bring them on, I say. The more the merrier. The evidence is massive, the modern version of the story would surprise and inspire even Darwin, and it cannot be told too often. Evolution is, after all, the true story of why we all exist, and an exhilaratingly powerful and satisfying explanation. It supersedes – and devastates – all predecessors, no matter how devoutly and sincerely believed.

Why Evolution Is True is outstandingly good. Coyne’s knowledge of evolutionary biology is prodigious, his deployment of it as masterful as his touch is light. His coverage is enviably comprehensive, yet he simultaneously manages to keep the book compact and readable. His nine chapters include “Written in the Rocks”, laced with examples that make short work of the most popular of all creationist lies, the one about unbridgeable “gaps” in the fossil record: “Show me your intermediates!”, say the creationists. Jerry Coyne shows them, and very numerous and convincing they are. Not just fossils of large charismatic animals like whales and birds, and the coelacanth-cousins that made the transition from water to land, but also microfossils. These have the advantage of sheer numbers: some kinds of sedimentary rock are almost entirely made of the tiny fossilized skeletons of foraminiferans, radiolarians and other calcareous or siliceous protozoa. This means you can plot a sensitive graph of some chosen measurement, as a continuous function of geological time, while you systematically work your way through a core of sediments. One of Coyne’s graphs shows a genus of radiolarians (beautiful protozoans with minute, lantern-like shells) caught in the act, two million years ago, of “speciating” – splitting into two species.

Such splitting of one species into two is what Darwin’s title actually means, and it is one of the few weak areas in that great book. Jerry Coyne is probably today’s leading authority on speciation, and it is not surprising that his chapter called “The Origin of Species” is so good. So also is “The Geography of Life”. Possibly the most immediately convincing evidence against creationism is to be found in the geographical distribution of animals and plants, on continents and islands (in the broad sense, “islands” include lakes, mountain tops, oases – from an animal’s point of view any small area where it can live, surrounded by a larger area where it can’t). After setting out the voluminous evidence on the subject, Coyne concludes:

"Now try to think of a theory that explains the patterns we’ve discussed by invoking the special creation of species on oceanic islands and continents . . . . There are no good answers – unless, of course, you presume that the goal of a creator was to make species look as though they evolved on islands. Nobody is keen to embrace that answer, which explains why creationists simply shy away from island biogeography."

Such dishonesty by omission is lamentably characteristic of creationists. They love fossils because they have been schooled, wrongly as Coyne shows, to believe that “gaps” in the fossil record are an embarrassment to evolutionary theorists. The geographical distribution of species really is an embarrassment to creationists – and they conspicuously ignore it.

The book includes a lucid exposition of natural selection at the level of the gene (knowing nothing of genes, Darwin expressed it at the level of the individual organism). Coyne describes how a parasitic worm changes the appearance and behaviour of its ant host, turning the ant’s abdomen into a simulacrum of a red berry, angled temptingly up in the air with carefully weakened stalk joining it to the thorax. You’ve guessed the sequel. The “berry”, full of worm eggs, is eaten by a bird, which is the definitive host of the worm. In Coyne’s own words:

"All of these changes are caused by the genes of the parasitic worm as an ingenious ploy to reproduce themselves . . . . It is staggering adaptations like this – the many ways that parasites control their carriers, just to pass on the parasites’ genes – that gets an evolutionist’s juices running."

Very true. That kind of gene-centred “adaptationist” language has become all but universal among evolutionary biologists working in the field. It is amusing, therefore, to recall the overbearing hostility with which it was attacked thirty years ago by the dedicatee of Coyne’s book, his old teacher, the distinguished geneticist Richard Lewontin. It is not irrelevant that Coyne also has a very necessary clarification of the idea of the “selfish gene”, in which he correctly explains that it has no connection with spurious claims that we are deterministically hardwired to be selfish. Thirty years on, how things have changed.

Coyne’s chapter on “The Engine of Evolution” begins with a splendidly macabre example. Giant Japanese hornets raid the nests of honeybees to feed their larvae. A single hornet scout discovers a beehive and marks it “for doom” with a sort of chemical black spot.

"Alerted by the mark, the scout’s nestmates descend on the spot, a group of twenty or thirty hornets arrayed against a colony of up to 30,000 honeybees. But it’s no contest. Wading into the hive with jaws slashing, the hornets decapitate the bees one by one. With each hornet making heads roll at a rate of forty per minute, the battle is over in a few hours: every bee is dead, and body parts litter the hive. Then the hornets stock their larder."

Coyne’s purpose in telling the story is to contrast the terrible fate of European bees, introduced into Japan, with native Japanese bees that have had time to evolve a defence.

"And their defense is stunning – another marvel of adaptive behavior. When the hornet scout first arrives at the hive, the honeybees near the entrance rush into the hive, calling nestmates to arms while luring the hornet inside. In the meantime, hundreds of worker bees assemble inside the entrance. Once the hornet is inside, it is mobbed and covered by a tight ball of bees. Vibrating their abdomens, the bees quickly raise the temperature inside the ball to about 117 degrees Fahrenheit. In twenty minutes the hornet scout is cooked to death, and – usually – the nest is saved."

Coyne adds that the bees can survive the high temperature, but it is another insight of the “gene’s eye view” that this would not be necessary in order for natural selection to favour the adaptation. Worker bees are sterile: their genes survive, not in the workers themselves but as copies in the bodies of the minority of hive members destined for reproduction. If the workers in the centre of the ball were cooked alongside the hornet, it would be well worth the sacrifice. Copies of their genes “for cooking” live on.

There’s a good chapter on “Remnants, Vestiges, Embryos and Bad Design”, topics that Darwin himself treated well, and also on “How Sex Drives Evolution”, and on human evolution. But Coyne really comes into his own with another strand of powerful evidence that was not available to Darwin. The molecular genetics revolution, which began in 1953, would have taken Darwin’s breath away and filled him with exultation. Every living creature carries within each of its cells a voluminous textual recipe for making itself. Nowadays, we can read these messages, accurately and with a completeness that is limited only by (rapidly shrinking) costs and time. Because the DNA texts of all animals and plants use the identical four-letter code, we have a gold mine of opportunity for comparison. In his own time, Darwin could compare, say, the wing of a bat, the flipper of a whale and the spade of a mole, and spot the relationships among a handful of bones. Today – and more cheaply in the near tomorrows – we can do it on an altogether grander scale, lining up billion-letter DNA texts from bat, whale and mole, and literally counting the single-letter discrepancies and resemblances. Moreover, we don’t have to limit our comparisons to one group, such as the mammals. The universal genetic code allows us to make letter-for-letter textual comparisons across plants, snails and bacteria, as well as vertebrates. This not only provides evidence for the fact of evolution that is orders of magnitude more solid even than the powerful evidence Darwin could muster. We can also construct, finally and definitively, the complete tree of all life, the universal pedigree. And we can find, in huge numbers, the molecular equivalents of vestigial evolutionary relics like the human appendix and the kiwi’s wings.

For the genome is littered with dead genes. Huge wastes of DNA territory comprise a graveyard of discarded, superseded old genes (plus meaningless sequences of nonsense DNA that never functioned) with occasional islands of current, extant genes that are actually read by the translating machinery and turned into action. Dead, untranslated genes are called pseudogenes. The reason our sense of smell is poor, compared with, say, that of dogs, is that most of our ancestral genes for smelling have been rendered inactive. We still have them, but they are dead. Molecular biologists can still read them – serried ranks of molecular “fossils” – but the body does not.

It is wonderful enough that we can construct a tree of life based on active genes, and find that different genes agree on the same pedigree. It is even more convincing that we get the same pedigree with dead genes, whose DNA sequences represent nothing, and must be regarded only as the inert legacy of history. How would creationists explain that? How would they explain the very existence of pseudogenes? Why would the creator litter the genome with useless, untranslated variants of genes, and locate them, moreover, in exactly the right pattern around the animal and plant kingdoms to give the impression – the deceptive impression, as a creationist would presumably have to admit – that they evolved and were not created?

Coyne is right to identify the most widespread misunderstanding about Darwinism as the idea that, in evolution, “everything happens by chance”. This common claim is flat wrong – obviously wrong, transparently wrong, even to the meanest intelligence (a phrase that has me actively restraining myself). If evolution worked by chance, it obviously couldn’t work at all. Unfortunately, instead of working out that they have probably misunderstood evolution, creationists conclude, instead, that evolution must be false. This one misunderstanding, single-handed, accounts for much of the uncomprehending opposition to evolution that made it necessary for Jerry Coyne to write his book in the first place. The need was great; the execution is superb. Please read it.



Jerry Coyne
WHY EVOLUTION IS TRUE
309pp. Oxford University Press. £14.99 (US $27.95).
978 0 19 923084 6



Richard Dawkins has just retired as Professor of the Public Understanding of Science at the University of Oxford. His most recent books are The Ancestor’s Tale, 2005, and The God Delusion, 2007.

domingo 8 de febrero de 2009

Galería de estupideces

sábado 7 de febrero de 2009

Cuentos infantiles y videojuegos. Semejanzas y diferencias de dos objetos representantes de dos subjetividades

Por: Roberto Balaguer Prestes


Para citar este artículo: Balaguer Prestes, Roberto, 2006, "Cuentos infantiles y videojuegos. Semejanzas y diferencias de dos objetos representantes de dos subjetividades". Ponencia presentada en las Jornadas de AUDEPP “De Princesas, magos & brujas”, Montevideo, noviembre 2006. Disponible en el ARCHIVO del Observatorio para la CiberSociedad enhttp://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=228




INTRODUCCIÓN / RESUMEN

El presente trabajo tiene como objetivo llevar a cabo una comparación entre dos objetos culturales con los que se maneja la infancia actual: los cuentos infantiles y los videojuegos. En esa línea comparativa son muchas y diversas las interrogantes que nos surgen. ¿El actual y marcado atractivo juvenil por los videojuegos es de naturaleza similar al goce por escuchar y/o leer cuentos? ¿Existen puntos de conexión entre una y otra actividad? ¿Qué cuestiones decantan en el encuentro del niño con uno y otro objeto cultural? ¿Ponen en juego y desarrollan subjetividades similares?


INTRODUCCIÓN 

El desafío está en pensar acerca de las posibles relaciones, semejanzas y diferencias entrecuentos infantiles y videojuegos. La idea central es desentrañar cómo el niño se posiciona frente a uno y otro objeto y qué cosas se ponen en juego en esos encuentros. La novedad, la incertidumbre, lo reasegurador, las repeticiones, todos esos elementos, ¿cómo se presentan en uno y otro objeto? 

Papel y pantalla presentan similitudes. Los escenarios fantásticos, los personajes surgen tanto del papel como desde los píxels de la pantalla. Pero también hay algunas diferencias cuando salimos de los juegos laberínticos, barrocos y nos internamos en el mundo de la estrategia, los simuladores o los juegos deportivos. Ahí las diferencias se tornan más que notorias. 

En los videojuegos hay que ir explorando, conociendo, sabiendo, para descubrir los trucos y poder entonces pasar pantallas, dejando atrás los obstáculos que se presentan. La subjetividad en juego y a desarrollar, parece relacionarse con esos elementos. ¿Cubren por tanto, libro y videojuego necesidades de subjetivación parecidas? 

Nos planteamos al cuento infantil como un objeto cultural que ofrece garantías y seguridades frente a los peligros y temores. El libro responde a la subjetividad que aquí llamamos de seguridad y estabilidad. 

Mientras tanto, los videojuegos ponen en juego el futuro. La exploración, la navegación y el dominio son sus pilares. Los videojuegos no ofrecen seguridad, sino espacios para explorar, mutar y adaptarse a los cambios. Las subjetividades en juego son por tanto distintas. A las relacionadas con el libro las denominamos aquí subjetividades de seguridad y estabilidad y a las de los videojuegos subjetividades de exploración y navegación, como hemos hecho en ocasiones anteriores (Balaguer, 2005 a). 

Al pensar esta comparación el libro se nos figura como omnipresente a lo largo de la historia de la cultura, cuando nada hay más alejado de la realidad histórica. 

El cuento infantil es una narrativa propia de la modernidad. Hay un comienzo, un desarrollo y un desenlace que fue tomando una forma característica a medida que la infancia como tal fue creándose y adaptándose las características de los relatos a las noveles mentes infantiles. Los cuentos para niños tienen su origen en un mundo diferente al actual. Surgen como adaptaciones de los cuentos adultos y como consecuencia de la llegada de la imprenta. Mientras tanto, los videojuegos entendemos son los juguetes paradigmáticos de la era del conocimiento. Concebimos al videojuego como el juguete representante de la sociedad del conocimiento, como el tipo de juego que creemos más y mejor ilustra la época que nos ha tocado vivir. 


ALGUNAS SIMILITUDES A MENCIONAR 

Cuentos infantiles y videojuegos presentan muchos puntos en común. Ambos son objetos a los que se puede acceder en cualquier momento, cualquier hora. Ninguno de los dos requiere de un espacio físico demasiado específico y las variabilidades del clima no alteran su desarrollo. Existe una variedad enorme de juegos y libros abarcativa de todas las edades, gustos y perfiles. Ambos pueden tener un poder magnético capaz de absorber a sus usuarios al punto de hacerles perder la noción del tiempo. Ambos proveen de satisfacciones que la vida real no siempre ofrece. 

Los videojuegos –al igual que el libro- permiten al sujeto habitar un espacio diferente al de su vida cotidiana, por lo que muchas veces el regreso de ese mundo es vivido penosamente, con frustración. La realidad resulta a veces demasiado dura y por lejos menos satisfactoria que el mundo de ficción. Ese es el mundo mágico, el mundo de los sueños. A su vez, ambos elementos comparten el poner en juego el aprendizaje, la adquisición de nuevos conocimientos. 


ALGUNAS DIFERENCIAS 

Mientras la pantalla atrae la mirada, hace que cueste desprenderse de ella, el libro no tiene tanto poder magnético. El videojuego en general tiene mayor capacidad de generar la pérdida de la noción de espacio y tiempo, de refugio en otro lugar. 

El alto reforzamiento presente en los propios juegos (puntos extras, felicitaciones, recompensas, récords personalizados, sentimientos de eficacia, popularidad, etc.) no se encuentra presente en el libro. La autoestima y las habilidades del jugador son desafiadas en forma constante (aprendizaje) por la pantalla (Balaguer, 2005 b). A su vez, los videojuegos permiten el desarrollo de habilidades específicas. El aprendizaje en el caso de los videojuegos implica el desarrollo de elementos procedurales no presentes en el libro. 

En el aspecto catártico del encuentro, los videojuegos permiten satisfacciones de descarga agresiva y satisfacciones de despliegue de aristas de la personalidad no mostradas en la cotidianeidad. Ejercitar actos que no son posibles en la vida real, vivir y sobre todo actuar (ésta es una diferencia crucial) como real esa magia omnipotente, lo separa de la identificación del niño con los personajes del cuento. 


TABLA COMPARATIVA ENTRE EL LIBRO Y LOS VIDEOJUEGOS 

Somos concientes que plantear una tabla comparativa conduce ineludiblemente a generalizar y por tanto a aumentar los márgenes de error considerablemente. En esta tabla planteamos puntos que pueden ser discutibles y sólo se presentan con el propósito de comparar uno y otro objeto cultural. El tipo de juego, el tipo de cuento infantil, podrían cambiar algunos de los ítems descriptos más abajo. A pesar de ello, preferimos elaborar esta tabla a efectos de tener un panorama general y visualizar las posibles diferencias entre los dos elementos en comparación.

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A continuación desarrollaremos someramente algunos de los ítems señalados en la tabla. 

¿Qué cosas se preguntan los niños frente a uno y otro objeto cultural? Enfrentado a un videojuego una de las preguntas que inician el diálogo con el mismo es: ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo se juega? 

Estas son preguntas que de ninguna manera se formulan en el encuentro con el libro. Ambos objetos simultáneamente muestran a la vez que esconden, sin embargo frente al libro sólo está abierta la opción de seguir la letra del autor. En el videojuego hay que descubrir la mente de ese autor que se esconde en las trampas y trucos a develar. 

Frente al videojuego preguntamos ¿qué vamos a hacer nosotros? 

En este sentido, los cuentos infantiles interactivos surgidos en el siglo XX intuitivamente agregaban la dimensión del hacer, pudiendo optar el lector por diferentes finales, desarrollos, etc.

El archifamoso inicio "había una vez" habla de un tiempo no localizable, pero sí perteneciente al pasado. Las páginas del cuento infantil hacen que el niño se pregunte acerca de qué es lo que va a suceder en el desarrollo del cuento, pero a sabiendas de que es algo que ya aconteció y es narrado en las páginas venideras. Mientras tanto el videojuego es todo futuro. Cada vez que se comience acontecerá algo diferente. 

En algunas ocasiones la sensación de dominio en el juego es tan grande que el sujeto retorna al mundo real satisfecho, orgulloso, o como objeto de admiración de sus pares sean éstos cercanos o lejanos. Esta es una faceta que se olvida muchas veces cuando sólo se observa el lado perverso de adicción a la tecnología por parte de los jóvenes. Los niños frente a la pantalla lo que hacen es básicamente jugar con los materiales que cada videojuego presenta. 

El cuento infantil se caracteriza en general por un final feliz, de resolución del conflicto, de alivio de la tensión. Hay una cierta incertidumbre que se desvanece en la resolución. 

Se ha insistido hasta el cansancio que los cuentos infantiles poseen una estructura que se repite, lo que redunda en tranquilidad y seguridad. El incontrolable devenir se vuelve manejable, reasegurador. Se sabe lo que va a pasar y eso es lo que brinda tranquilidad, seguridad. Los miedos se exorcizan a través de los personajes. En el caso del videojuego la repetición se da en el marco del dominio y del desarrollo de las habilidades necesarias para resolver los problemas que se plantean. La propia curva de uso de los videojuegos es muy particular y significativa: los niños juegan hasta "dar vuelta" el juego, y por ende lograr el dominio sobre la máquina. 

El dominio buscado, las diferencias, son las que plantea Bauman (2001) en el paso de una estrategia heterónoma a una heterónoma- autónoma. En el videojuego hay otras oportunidades siempre, las decisiones son reversibles, hay más chances que lo que ofrece la vida real. Los escenarios brindan posibilidades de descargar la violencia contenida en la vida cotidiana, que no es poca. 

Mientras el libro lleva al sujeto, es éste último quien lleva al videojuego a sus extremos. El libro requiere de un cierto estado de ánimo que no es el que reclama ni necesita el videojuego. La ansiedad no es buena compañera de la lectura, mientras que en el videojuego no se necesita de ese estado calmado. 

Uno de los atractivos de los videojuegos es la experiencia inmersiva. El juego en pantalla promueve la disolución del sujeto en la máquina, esa extraña conjunción del hombre y la tecnología. En algún sentido esta experiencia inmersiva guarda relación con la disolución de la conciencia pasible de ser provocada por la actividad artística o por los grandes relatos de la literatura capaces de generar ese estado anímico. Ese ensimismamiento, esa pérdida de referentes temporoespaciales muestra un estado diferente al estado común, tan buscado tanto por los lectores como por los adictos a las drogas. 

Esa sensación de absorción, de estar atrapado por un libro es la experiencia casi común que se da en el videojuego. Justamente el placer de jugar con videojuegos está en entrar en un estado mental parecido al de la computadora y responder automáticamente, sin conciencia, casi fusionado con la máquina y su lógica. 

Hoy el libro no tiene ese carácter socializante que pudo tener en otra época. Los videojuegos sin embargo sí tienen ese perfil de unión social. La frontera entre jugar y socializar es en realidad una frontera tan borrosa como aquella que separa el practicar deportes colectivos de socializar. La cuestión reside en lo desconocido de este medio para las generaciones de adultos devenidos padres. 

En un estudio llevado a cabo por el Pew Internet Report (The Pew Internet & American Life Project está disponible en: http://www.pewinternet.org/reports/toc.asp?Report=93) los estudiantes citan los videojuegos como una forma de pasar el tiempo con los amigos. Un quinto de los estudiantes encuestados sentía que jugar los ayudaba a hacer nuevos amigos así como a mejorar las relaciones sociales pre-existentes. 

El 60% de los encuestados coincidieron en que los juegos los ayudaban a pasar el tiempo cuando los amigos no estaban disponibles. A su vez, el 65% de los estudiantes plantea que no guarda relación con quitarles tiempo de estar con amigos. 

La mayoría de los estudiantes universitarios encuestados comenzaron a jugar en la pubertad y Jones plantea que una importante cantidad de ellos considera que el jugar amplía su vida social en lugar de ir en detrimento de la misma. Los jugadores pasan más de la mitad del tiempo conversando y dedicados a otras actividades de carácter social. El intercambio de trucos, los comentarios sobre las pantallas que se van presentando ocupan buena parte del tiempo de juego de los niños. Visualizar a los videojuegos como mediatizadores de la actividad social se da de fauces contra los prejuicios de aislamiento y adicción popularmente atribuidos a sus usuarios. Por si esto fuera poco están las habilidades yoicas en juego. 

Según el Dr. Rosser, cirujano y Director del Instituto de Tecnologías Médicas Avanzadas del Centro Médico Beth Israel (TATRC) los cirujanos que practican videojuegos durante tres horas a la semana, cometen un 37 por ciento menos de errores y trabajan a un ritmo 27 por ciento más rápido. Estos son datos que comienzan a aparecer y que muestran la importancia del manejo en pantalla para la inserción laboral futura. 

La infancia actual ha sido señalada como una generación carente de adultos guía. Los cuentos infantiles surgían del adulto, desde sus manos, su lectura. Los cuentos reforzaban la seguridad y la estabilidad. En el caso de los videojuegos los pares son referencia ineludible para obtener trucos, atajos, información, conocimiento que permita al individuo seguir adelante por las pantallas. El trabajo en equipo, la exploración son pilares de la supervivencia en la sociedad actual, donde navegar "e precisso" y el dominio de la tecnología, el poder dar "vuelta el juego" resulta imprescindible. 


BIBLIOGRAFÍA 
  • Balaguer, R. (2005 a) "La difícil tarea de orientar subjetividades de exploración (navegación y zapping)" Ponencia presentada en las II Jornadas de Orientación Vocacional Ocupacional, ADEPTRU, Montevideo.
  • Balaguer, R. (2005 b) vidasconect@das.com. La Pantalla, lugar de encuentro, juego y educación en el siglo XXI, Montevideo: Ed. Frontera
  • Bauman, Z. (2001) En busca de la política, México: Fondo de Cultura Económica

miércoles 4 de febrero de 2009

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Galería de criminales : hoy, Idi Amín Dadá




Nació en el reino semiautónomo ugandés de Buganda en 1924 en una familia de campesinos de la tribu kakwa, Idi Amín apenas terminó los estudios primarios. En 1946, a los 20 años se enroló en el Ejército británico prestando servicios en los “King's African Rifles” (Fusileros Africanos del Rey) como cocinero.

Durante la II Guerra Mundial fue testigo, desde la cocina de su regimiento, de acciones militares en Birmania. Como militar, se estrenó en la campaña de los británicos contra los rebeldes Mau-Mau de Kenia a principios de los 50. Dió muestras de gran crueldad.

Con sus 100 kilos de peso y 1,93 metros de estatura, se hizo popular en el ejército por su afición al boxeo. En 1951 ya era campeón de los pesos pesados de su país y retuvo el título hasta el 59. Gracias al boxeo, le ascendieron de cabo a sargento.

Al proclamarse la independencia de Uganda en 1962, se trasladó a ese país, donde ingresó en el Ejército. En 1964, se produjo una revuelta en Zanzíbar que causó motines en los ejércitos keniano, tanzano y ugandés. Amin exigió la salida de los oficiales británicos y la subida de sueldo de los militares. El Gobierno de Uganda, presidido por Milton Obote, aceptó las peticiones y ascendió a Amin al grado de teniente coronel.

En 1965 se vio implicado en un escándalo financiero de millones de dólares junto con Obote y otros oficiales. Al año siguiente, dirigió el ataque al palacio del rey de Buganda. Lo hizo con tanta eficacia que fue nombrado jefe del Estado Mayor.

A mediados de 1966, ya al frente del Ejército, Idi Amin colaboró con el entonces primer ministro, Milton Obote, en la caída del rey Mutesa II y participó en el asalto, saqueo y quema del Palacio de Kampala.

Tubo problemas con Obote por el asesinato de Pierino Okoya, brazo derecho de Obote, en 1970. Este había llamado cobarde a Amín por escapar a una base militar tras el intento de asesinato de Obote en diciembre del 69. A punto de ser detenido por apropiación indebida de gran cantidad de dinero del Ejército, mientras Obote estaba en Singapur dio un golpe el 25 de enero de 1971.

Apoyado por el ejército, estableció un régimen de terror y una política genocida que llevó a la muerte de más de 300.000 ugandeses.

En pocas semanas ordenó ejecutar a miles de soldados y oficiales de las tribus langi y acholi, sospechosos de lealtad al presidente derrocado.

Inició una purga principalmente de las etnias lango y acholis. En una guerra civil encubierta, hizo recorrer pueblos y aldeas saqueando, violando y generando un clima de terror. Era frecuente, encontrar cuerpos sin genitales, narices u ojos tirados en las cunetas y decenas de miles de ugandeses sufrieron torturas en campos de concentración.

Amin decidió implantar en Uganda un régimen que combinara los principios del sagrado Corán con una retórica izquierdista y profundamente antioccidental.

Admirador (entre otros) de Adolf Hitler, demostró un marcado antisemitismo. Ante las cámaras de televisión, Amin demostró siempre, con cierta inocencia, sus confusas ideas políticas y su odio hacia los judíos. También persiguió a los cristianos y católicos de su país. En 1976, con complicidad de Idi Amín, un avión israelí fue secuestrado en el aeropuerto de Entebbe, y fue liberado por un comando israelí, que al mismo tiempo destruyó varios aviones de combate de Uganda.

En 1972, Amin declaró la llamada "guerra económica". Dio 90 días a todos los asiáticos (los ugandeses de ese origen también se apuntaron por si acaso) para deshacerse de sus propiedades y huir del país. Unos 70.000 comerciantes, la clase que mantenía en pie la economía ugandesa, se exiliaron. También expulsó a los estadounidenses y a los técnicos soviéticos que trabajan en el país.

Sus 10.000.000 de habitantes jamás habían conocido el hambre, gracias a una abundante producción agrícola y exportaciones de café, algodón y cobre. Con una industria en vía de desarrollo, Uganda se estaba convirtiendo cada vez más en una nación autosuficiente, hasta la “guerra económica” donde se derrumbó en el caos y la bancarrota.

La persecución y represión de la oposición fue brutal y los métodos de su policía político-militarse se hicieron célebres por su crueldad más allá de las fronteras de Uganda. La Comisión Internacional de Juristas cifró inicialmente el número de ejecuciones en 200.000 y Amnistía Internacional en 300.000Esas atrocidades hicieron que el Tribunal de Justicia de La Haya le acusara de genocidio.

Idi Amín se convierte en el primer dirigente africano que rompe sus vínculos con Israel y toma partido abiertamente a favor de los árabes en la guerra árabe-israelí del 73. Su popularidad en el mundo árabe no dejaba de crecer por sus intentos de convertir Uganda, con sólo un 6% de población musulmana, en el primer país islámico del África negra.

En 1973 Amin implantó la poligamia, a la vez que desataba una campaña directa contra los cristianos del país. Pese a todo, durante algún tiempo fue considerado "políticamente correcto". he hizo numerosas declaraciones antisemitas y elogió abiertamente a Hitler.

Una de las maniobras más retorcidas del régimen fue la de propalar el rumor de que la princesa Elizabeth Bagaya, una diplomática, había sido sorprendida en el aeropuerto de Orly (Francia) manteniendo relaciones sexuales con "un europeo desconocido". Fue obligada a regresar a Uganda y encarcelada.

El final político del dictador llegó en el 79, cuando, para aplastar un motín en su Ejército, invadió Tanzania. Julius Nyerere movilizó a sus Fuerzas Armadas, invadió Uganda y entró en Kampala. El 11 de abril de 1979, el frente Liberación Nacional de Uganda, formado por 18 grupos de exiliados y apoyado militarmente por las tropas de Tanzania, logró derrocar a Idi Amin. Sin embargo, el dictador no pagó sus crímenes.

Huyó primero a Libia, luego a Irak y acabó refugiándose, con buena parte de sus esposas y varios hijos, en Arabia Saudí. Allí permaneció en un palacete de la Casa Real, que le proporciono cocineros, chóferes, coches y un sueldo mensual suficiente para no pasar apuros.

Hizo algunos intentos por regresar a Uganda, lo que no le fue permitido.

Uno de sus aspectos más escabrosos fue su afición a la carne humana. Ordenaba a su guardia asesinar a opositores, trozarlos y guardarlos en sus heladeras, y comerlos durante sus frecuentes banquetes. Varios de sus ministros corrieron la misma suerte, y en la ocupación de sus palacios, durante su derrocamiento, fueron encontrados restos humanos congelados, incluyendo los de uno de sus ministros, que había sido asesinado pocos días antes.

Adepto a la oniromancia y de religión musulmana. "El carnicero de Kampala" también fue famoso por otras excentricidades, como hacer visitas sorpresa a la Reina de Inglaterra, proclamarse "último rey de Escocia" o "conquistador del Imperio Británico".

Falleció en el hospital Rey Faisal en Arabia saudita el 16 de agosto, a los 78 años en el 2003.

A Idi Amin se le agrego al nombre el “Dada” cuando Uganda era aún colonia británica y un oficial descubrió que Idi Amin había alojado a dos mujeres en su acuartelamiento. Como el reglamento sólo permitía tener una esposa, el oficial inquirió a su subordinado sobre las causas de aquella irregularidad. La respuesta fue indicar que no había quebrantado ninguna norma porque si la primera era su mujer legal, la segunda era su dada, es decir, su hermana mayor en lengua suajili. Fue así como aquel personaje recibió el apodo de Dada, que unió a su nombre de Idi Amin.

En cuanto a su familia tubo al menos cinco esposas reconocidas, pero la cantidad real de esposas fue silenciada por organismos oficiales ugandeses.

Acabó divorciándose de todas, intentó acabar con la vida de alguna de ellas tras obtener el divorcio legal.

Su primera esposa se llamó Kay. En agosto de 1974, Kay se divorcio.

Su segunda esposa, Sarah (a la cual renombró Mama Mariam) contrajo matrimonio con él en 1961. En 1974, Mama Mariam sufrió un accidente automovilístico. Durante su convalecencia en el hospital, fue visitada por Idi Amin que la reprendió amargamente, culpando el incidente a su vida irresponsable. Ella, temiendo que dicho accidente hubiera sido preparado por los hombres de Amin, huyó del país y se reunió con su hermano Wanume Kibedi, un antiguo ministro de Asuntos Exteriores refugiado en Londres.

Nora, la tercera esposa, fue también repudiada. Nunca ha vuelto a saberse nada de ella.

Marina, la cuarta, fue objeto de repetidos maltratos por parte del dictador africano. En febrero de 1975, por ejemplo, a causa de una de estas palizas sufrió una fractura de mandíbula.

Cinco meses después, Amin tomó una quinta esposa de 19 años, también llamada Sarah.

Y en cuanto a sus hijos se estima que tiene mas de 30 hijos. Siempre salía acompañado del más pequeño, ya que una bruja le había indicado que así no sería asesinado.


domingo 25 de enero de 2009

Magna Carta 1215

Clauses marked (+) are still valid under the charter of 1225, but with a few minor amendments. Clauses marked (*) were omitted in all later reissues of the charter. In the charter itself the clauses are not numbered, and the text reads continuously. The translation sets out to convey the sense rather than the precise wording of the original Latin.

JOHN, by the grace of God King of England, Lord of Ireland, Duke of Normandy and Aquitaine, and Count of Anjou, to his archbishops, bishops, abbots, earls, barons, justices, foresters, sheriffs, stewards, servants, and to all his officials and loyal subjects, Greeting.

KNOW THAT BEFORE GOD, for the health of our soul and those of our ancestors and heirs, to the honour of God, the exaltation of the holy Church, and the better ordering of our kingdom, at the advice of our reverend fathers Stephen, archbishop of Canterbury, primate of all England, and cardinal of the holy Roman Church, Henry archbishop of Dublin, William bishop of London, Peter bishop of Winchester, Jocelin bishop of Bath and Glastonbury, Hugh bishop of Lincoln, Walter Bishop of Worcester, William bishop of Coventry, Benedict bishop of Rochester, Master Pandulf subdeacon and member of the papal household, Brother Aymeric master of the knighthood of the Temple in England, William Marshal earl of Pembroke, William earl of Salisbury, William earl of Warren, William earl of Arundel, Alan de Galloway constable of Scotland, Warin Fitz Gerald, Peter Fitz Herbert, Hubert de Burgh seneschal of Poitou, Hugh de Neville, Matthew Fitz Herbert, Thomas Basset, Alan Basset, Philip Daubeny, Robert de Roppeley, John Marshal, John Fitz Hugh, and other loyal subjects:

+ (1) FIRST, THAT WE HAVE GRANTED TO GOD, and by this present charter have confirmed for us and our heirs in perpetuity, that the English Church shall be free, and shall have its rights undiminished, and its liberties unimpaired. That we wish this so to be observed, appears from the fact that of our own free will, before the outbreak of the present dispute between us and our barons, we granted and confirmed by charter the freedom of the Church's elections - a right reckoned to be of the greatest necessity and importance to it - and caused this to be confirmed by Pope Innocent III. This freedom we shall observe ourselves, and desire to be observed in good faith by our heirs in perpetuity.

 TO ALL FREE MEN OF OUR KINGDOM we have also granted, for us and our heirs for ever, all the liberties written out below, to have and to keep for them and their heirs, of us and our heirs:

(2) If any earl, baron, or other person that holds lands directly of the Crown, for military service, shall die, and at his death his heir shall be of full age and owe a 'relief', the heir shall have his inheritance on payment of the ancient scale of 'relief'. That is to say, the heir or heirs of an earl shall pay £100 for the entire earl's barony, the heir or heirs of a knight 100s. at most for the entire knight's 'fee', and any man that owes less shall pay less, in accordance with the ancient usage of 'fees'

(3) But if the heir of such a person is under age and a ward, when he comes of age he shall have his inheritance without 'relief' or fine.

(4) The guardian of the land of an heir who is under age shall take from it only reasonable revenues, customary dues, and feudal services. He shall do this without destruction or damage to men or property. If we have given the guardianship of the land to a sheriff, or to any person answerable to us for the revenues, and he commits destruction or damage, we will exact compensation from him, and the land shall be entrusted to two worthy and prudent men of the same 'fee', who shall be answerable to us for the revenues, or to the person to whom we have assigned them. If we have given or sold to anyone the guardianship of such land, and he causes destruction or damage, he shall lose the guardianship of it, and it shall be handed over to two worthy and prudent men of the same 'fee', who shall be similarly answerable to us.

(5) For so long as a guardian has guardianship of such land, he shall maintain the houses, parks, fish preserves, ponds, mills, and everything else pertaining to it, from the revenues of the land itself. When the heir comes of age, he shall restore the whole land to him, stocked with plough teams and such implements of husbandry as the season demands and the revenues from the land can reasonably bear.

(6) Heirs may be given in marriage, but not to someone of lower social standing. Before a marriage takes place, it shall be made known to the heir's next-of-kin.

(7) At her husband's death, a widow may have her marriage portion and inheritance at once and without trouble. She shall pay nothing for her dower, marriage portion, or any inheritance that she and her husband held jointly on the day of his death. She may remain in her husband's house for forty days after his death, and within this period her dower shall be assigned to her.

(8) No widow shall be compelled to marry, so long as she wishes to remain without a husband. But she must give security that she will not marry without royal consent, if she holds her lands of the Crown, or without the consent of whatever other lord she may hold them of.

(9) Neither we nor our officials will seize any land or rent in payment of a debt, so long as the debtor has movable goods sufficient to discharge the debt. A debtor's sureties shall not be distrained upon so long as the debtor himself can discharge his debt. If, for lack of means, the debtor is unable to discharge his debt, his sureties shall be answerable for it. If they so desire, they may have the debtor's lands and rents until they have received satisfaction for the debt that they paid for him, unless the debtor can show that he has settled his obligations to them.

* (10) If anyone who has borrowed a sum of money from Jews dies before the debt has been repaid, his heir shall pay no interest on the debt for so long as he remains under age, irrespective of whom he holds his lands. If such a debt falls into the hands of the Crown, it will take nothing except the principal sum specified in the bond.

* (11) If a man dies owing money to Jews, his wife may have her dower and pay nothing towards the debt from it. If he leaves children that are under age, their needs may also be provided for on a scale appropriate to the size of his holding of lands. The debt is to be paid out of the residue, reserving the service due to his feudal lords. Debts owed to persons other than Jews are to be dealt with similarly.

* (12) No 'scutage' or 'aid' may be levied in our kingdom without its general consent, unless it is for the ransom of our person, to make our eldest son a knight, and (once) to marry our eldest daughter. For these purposes only a reasonable 'aid' may be levied. 'Aids' from the city of London are to be treated similarly.

+ (13) The city of London shall enjoy all its ancient liberties and free customs, both by land and by water. We also will and grant that all other cities, boroughs, towns, and ports shall enjoy all their liberties and free customs.

* (14) To obtain the general consent of the realm for the assessment of an 'aid' - except in the three cases specified above - or a 'scutage', we will cause the archbishops, bishops, abbots, earls, and greater barons to be summoned individually by letter. To those who hold lands directly of us we will cause a general summons to be issued, through the sheriffs and other officials, to come together on a fixed day (of which at least forty days notice shall be given) and at a fixed place. In all letters of summons, the cause of the summons will be stated. When a summons has been issued, the business appointed for the day shall go forward in accordance with the resolution of those present, even if not all those who were summoned have appeared.

* (15) In future we will allow no one to levy an 'aid' from his free men, except to ransom his person, to make his eldest son a knight, and (once) to marry his eldest daughter. For these purposes only a reasonable 'aid' may be levied.

(16) No man shall be forced to perform more service for a knight's 'fee', or other free holding of land, than is due from it.

(17) Ordinary lawsuits shall not follow the royal court around, but shall be held in a fixed place.

(18) Inquests of novel disseisinmort d'ancestor, and darrein presentment shall be taken only in their proper county court. We ourselves, or in our absence abroad our chief justice, will send two justices to each county four times a year, and these justices, with four knights of the county elected by the county itself, shall hold the assizes in the county court, on the day and in the place where the court meets.

(19) If any assizes cannot be taken on the day of the county court, as many knights and freeholders shall afterwards remain behind, of those who have attended the court, as will suffice for the administration of justice, having regard to the volume of business to be done.

(20) For a trivial offence, a free man shall be fined only in proportion to the degree of his offence, and for a serious offence correspondingly, but not so heavily as to deprive him of his livelihood. In the same way, a merchant shall be spared his merchandise, and a villein the implements of his husbandry, if they fall upon the mercy of a royal court. None of these fines shall be imposed except by the assessment on oath of reputable men of the neighbourhood.

(21) Earls and barons shall be fined only by their equals, and in proportion to the gravity of their offence.

(22) A fine imposed upon the lay property of a clerk in holy orders shall be assessed upon the same principles, without reference to the value of his ecclesiastical benefice.

(23) No town or person shall be forced to build bridges over rivers except those with an ancient obligation to do so.

(24) No sheriff, constable, coroners, or other royal officials are to hold lawsuits that should be held by the royal justices.

* (25) Every county, hundred, wapentake, and riding shall remain at its ancient rent, without increase, except the royal demesne manors.

(26) If at the death of a man who holds a lay 'fee' of the Crown, a sheriff or royal official produces royal letters patent of summons for a debt due to the Crown, it shall be lawful for them to seize and list movable goods found in the lay 'fee' of the dead man to the value of the debt, as assessed by worthy men. Nothing shall be removed until the whole debt is paid, when the residue shall be given over to the executors to carry out the dead man’s will. If no debt is due to the Crown, all the movable goods shall be regarded as the property of the dead man, except the reasonable shares of his wife and children.

* (27) If a free man dies intestate, his movable goods are to be distributed by his next-of-kin and friends, under the supervision of the Church. The rights of his debtors are to be preserved.

(28) No constable or other royal official shall take corn or other movable goods from any man without immediate payment, unless the seller voluntarily offers postponement of this.

(29) No constable may compel a knight to pay money for castle-guard if the knight is willing to undertake the guard in person, or with reasonable excuse to supply some other fit man to do it. A knight taken or sent on military service shall be excused from castle-guard for the period of this service.

(30) No sheriff, royal official, or other person shall take horses or carts for transport from any free man, without his consent.

(31) Neither we nor any royal official will take wood for our castle, or for any other purpose, without the consent of the owner.

(32) We will not keep the lands of people convicted of felony in our hand for longer than a year and a day, after which they shall be returned to the lords of the 'fees' concerned.

(33) All fish-weirs shall be removed from the Thames, the Medway, and throughout the whole of England, except on the sea coast.

(34) The writ called precipe shall not in future be issued to anyone in respect of any holding of land, if a free man could thereby be deprived of the right of trial in his own lord's court.

(35) There shall be standard measures of wine, ale, and corn (the London quarter), throughout the kingdom. There shall also be a standard width of dyed cloth, russet, and haberject, namely two ells within the selvedges. Weights are to be standardised similarly.

(36) In future nothing shall be paid or accepted for the issue of a writ of inquisition of life or limbs. It shall be given gratis, and not refused.

(37) If a man holds land of the Crown by 'fee-farm', 'socage', or 'burgage', and also holds land of someone else for knight's service, we will not have guardianship of his heir, nor of the land that belongs to the other person's 'fee', by virtue of the 'fee-farm', 'socage', or 'burgage', unless the 'fee-farm' owes knight's service. We will not have the guardianship of a man's heir, or of land that he holds of someone else, by reason of any small property that he may hold of the Crown for a service of knives, arrows, or the like.

(38) In future no official shall place a man on trial upon his own unsupported statement, without producing credible witnesses to the truth of it.

+ (39) No free man shall be seized or imprisoned, or stripped of his rights or possessions, or outlawed or exiled, or deprived of his standing in any other way, nor will we proceed with force against him, or send others to do so, except by the lawful judgement of his equals or by the law of the land.

+ (40) To no one will we sell, to no one deny or delay right or justice.

(41) All merchants may enter or leave England unharmed and without fear, and may stay or travel within it, by land or water, for purposes of trade, free from all illegal exactions, in accordance with ancient and lawful customs. This, however, does not apply in time of war to merchants from a country that is at war with us. Any such merchants found in our country at the outbreak of war shall be detained without injury to their persons or property, until we or our chief justice have discovered how our own merchants are being treated in the country at war with us. If our own merchants are safe they shall be safe too.

* (42) In future it shall be lawful for any man to leave and return to our kingdom unharmed and without fear, by land or water, preserving his allegiance to us, except in time of war, for some short period, for the common benefit of the realm. People that have been imprisoned or outlawed in accordance with the law of the land, people from a country that is at war with us, and merchants - who shall be dealt with as stated above - are excepted from this provision.

(43) If a man holds lands of any 'escheat' such as the 'honour' of Wallingford, Nottingham, Boulogne, Lancaster, or of other 'escheats' in our hand that are baronies, at his death his heir shall give us only the 'relief' and service that he would have made to the baron, had the barony been in the baron's hand. We will hold the 'escheat' in the same manner as the baron held it.

(44) People who live outside the forest need not in future appear before the royal justices of the forest in answer to general summonses, unless they are actually involved in proceedings or are sureties for someone who has been seized for a forest offence.

* (45) We will appoint as justices, constables, sheriffs, or other officials, only men that know the law of the realm and are minded to keep it well.

(46) All barons who have founded abbeys, and have charters of English kings or ancient tenure as evidence of this, may have guardianship of them when there is no abbot, as is their due.

(47) All forests that have been created in our reign shall at once be disafforested. River-banks that have been enclosed in our reign shall be treated similarly.

*(48) All evil customs relating to forests and warrens, foresters, warreners, sheriffs and their servants, or river-banks and their wardens, are at once to be investigated in every county by twelve sworn knights of the county, and within forty days of their enquiry the evil customs are to be abolished completely and irrevocably. But we, or our chief justice if we are not in England, are first to be informed.

* (49) We will at once return all hostages and charters delivered up to us by Englishmen as security for peace or for loyal service.

* (50) We will remove completely from their offices the kinsmen of Gerard de Athée, and in future they shall hold no offices in England. The people in question are Engelard de Cigogné, Peter, Guy, and Andrew de Chanceaux, Guy de Cigogné, Geoffrey de Martigny and his brothers, Philip Marc and his brothers, with Geoffrey his nephew, and all their followers.

* (51) As soon as peace is restored, we will remove from the kingdom all the foreign knights, bowmen, their attendants, and the mercenaries that have come to it, to its harm, with horses and arms.

* (52) To any man whom we have deprived or dispossessed of lands, castles, liberties, or rights, without the lawful judgement of his equals, we will at once restore these. In cases of dispute the matter shall be resolved by the judgement of the twenty-five barons referred to below in the clause for securing the peace. In cases, however, where a man was deprived or dispossessed of something without the lawful judgement of his equals by our father King Henry or our brother King Richard, and it remains in our hands or is held by others under our warranty, we shall have respite for the period commonly allowed to Crusaders, unless a lawsuit had been begun, or an enquiry had been made at our order, before we took the Cross as a Crusader. On our return from the Crusade, or if we abandon it, we will at once render justice in full.

* (53) We shall have similar respite in rendering justice in connexion with forests that are to be disafforested, or to remain forests, when these were first afforested by our father Henry or our brother Richard; with the guardianship of lands in another person's 'fee', when we have hitherto had this by virtue of a 'fee' held of us for knight's service by a third party; and with abbeys founded in another person's 'fee', in which the lord of the 'fee' claims to own a right. On our return from the Crusade, or if we abandon it, we will at once do full justice to complaints about these matters.

(54) No one shall be arrested or imprisoned on the appeal of a woman for the death of any person except her husband.

* (55) All fines that have been given to us unjustly and against the law of the land, and all fines that we have exacted unjustly, shall be entirely remitted or the matter decided by a majority judgement of the twenty-five barons referred to below in the clause for securing the peace together with Stephen, archbishop of Canterbury, if he can be present, and such others as he wishes to bring with him. If the archbishop cannot be present, proceedings shall continue without him, provided that if any of the twenty-five barons has been involved in a similar suit himself, his judgement shall be set aside, and someone else chosen and sworn in his place, as a substitute for the single occasion, by the rest of the twenty-five.

(56) If we have deprived or dispossessed any Welshmen of lands, liberties, or anything else in England or in Wales, without the lawful judgement of their equals, these are at once to be returned to them. A dispute on this point shall be determined in the Marches by the judgement of equals. English law shall apply to holdings of land in England, Welsh law to those in Wales, and the law of the Marches to those in the Marches. The Welsh shall treat us and ours in the same way.

* (57) In cases where a Welshman was deprived or dispossessed of anything, without the lawful judgement of his equals, by our father King Henry or our brother King Richard, and it remains in our hands or is held by others under our warranty, we shall have respite for the period commonly allowed to Crusaders, unless a lawsuit had been begun, or an enquiry had been made at our order, before we took the Cross as a Crusader. But on our return from the Crusade, or if we abandon it, we will at once do full justice according to the laws of Wales and the said regions.

* (58) We will at once return the son of Llywelyn, all Welsh hostages, and the charters delivered to us as security for the peace.

* (59) With regard to the return of the sisters and hostages of Alexander, king of Scotland, his liberties and his rights, we will treat him in the same way as our other barons of England, unless it appears from the charters that we hold from his father William, formerly king of Scotland, that he should be treated otherwise. This matter shall be resolved by the judgement of his equals in our court.

(60) All these customs and liberties that we have granted shall be observed in our kingdom in so far as concerns our own relations with our subjects. Let all men of our kingdom, whether clergy or laymen, observe them similarly in their relations with their own men.

* (61) SINCE WE HAVE GRANTED ALL THESE THINGS for God, for the better ordering of our kingdom, and to allay the discord that has arisen between us and our barons, and since we desire that they shall be enjoyed in their entirety, with lasting strength, for ever, we give and grant to the barons the following security:

The barons shall elect twenty-five of their number to keep, and cause to be observed with all their might, the peace and liberties granted and confirmed to them by this charter.

If we, our chief justice, our officials, or any of our servants offend in any respect against any man, or transgress any of the articles of the peace or of this security, and the offence is made known to four of the said twenty-five barons, they shall come to us - or in our absence from the kingdom to the chief justice - to declare it and claim immediate redress. If we, or in our absence abroad the chief justice, make no redress within forty days, reckoning from the day on which the offence was declared to us or to him, the four barons shall refer the matter to the rest of the twenty-five barons, who may distrain upon and assail us in every way possible, with the support of the whole community of the land, by seizing our castles, lands, possessions, or anything else saving only our own person and those of the queen and our children, until they have secured such redress as they have determined upon. Having secured the redress, they may then resume their normal obedience to us.

Any man who so desires may take an oath to obey the commands of the twenty-five barons for the achievement of these ends, and to join with them in assailing us to the utmost of his power. We give public and free permission to take this oath to any man who so desires, and at no time will we prohibit any man from taking it. Indeed, we will compel any of our subjects who are unwilling to take it to swear it at our command.

If one of the twenty-five barons dies or leaves the country, or is prevented in any other way from discharging his duties, the rest of them shall choose another baron in his place, at their discretion, who shall be duly sworn in as they were.

In the event of disagreement among the twenty-five barons on any matter referred to them for decision, the verdict of the majority present shall have the same validity as a unanimous verdict of the whole twenty-five, whether these were all present or some of those summoned were unwilling or unable to appear.

The twenty-five barons shall swear to obey all the above articles faithfully, and shall cause them to be obeyed by others to the best of their power.

We will not seek to procure from anyone, either by our own efforts or those of a third party, anything by which any part of these concessions or liberties might be revoked or diminished. Should such a thing be procured, it shall be null and void and we will at no time make use of it, either ourselves or through a third party.

* (62) We have remitted and pardoned fully to all men any ill-will, hurt, or grudges that have arisen between us and our subjects, whether clergy or laymen, since the beginning of the dispute. We have in addition remitted fully, and for our own part have also pardoned, to all clergy and laymen any offences committed as a result of the said dispute between Easter in the sixteenth year of our reign (i.e. 1215) and the restoration of peace.

In addition we have caused letters patent to be made for the barons, bearing witness to this security and to the concessions set out above, over the seals of Stephen archbishop of Canterbury, Henry archbishop of Dublin, the other bishops named above, and Master Pandulf.

* (63) IT IS ACCORDINGLY OUR WISH AND COMMAND that the English Church shall be free, and that men in our kingdom shall have and keep all these liberties, rights, and concessions, well and peaceably in their fullness and entirety for them and their heirs, of us and our heirs, in all things and all places for ever.

Both we and the barons have sworn that all this shall be observed in good faith and without deceit. Witness the above-mentioned people and many others.

Given by our hand in the meadow that is called Runnymede, between Windsor and Staines, on the fifteenth day of June in the seventeenth year of our reign (i.e. 1215: the new regnal year began on 28 May).

Declaración Universal de los Derechos humanos



Adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General 217 A (iii) del 10 de diciembre de 1948 
El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo texto completo figura en las páginas siguientes. Tras este acto histórico, la Asamblea pidió a todos los Países Miembros que publicaran el texto de la Declaración y dispusieran que fuera "distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios".

Preámbulo

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

La Asamblea General

proclama la presente

Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2

1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4

Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6

Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8

Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9

Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11

1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13

1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14

1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15

1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.

2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 16

1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17

1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.

2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20

1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.

2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

Artículo 21

1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.

2. Toda persona tiene el derecho de accceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.

3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.

Artículo 22

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24

Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25

1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26

1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Artículo 27

1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Artículo 28

Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Artículo 29

1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.

3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 30

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS
DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO (1789)

 

La Declaración de los derechos del hombre y el del ciudadano de 1789, inspirada en la declaración de independencia estadounidense de 1776 y en el espíritu filosófico del siglo XVIII, marca el fin del Antiguo Régimen y el principio de una nueva era.

 

Historia

La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano es, junto con los decretos del 4 y el 11 de agosto de 1789 sobre la supresión de los derechos feudales, uno de los textos fundamentales votados por la Asamblea nacional constituyente formada tras la reunión de los Estados Generales durante la Revolución Francesa.

El principio de base de la Declaración fue adoptado antes del 14 de julio de 1789 y dio lugar a la elaboración de numerosos proyectos. Tras largos debates, los diputados votaron el texto final el día 26 de agosto.

En la declaración se definen los derechos "naturales e imprescriptibles" como la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión. Asimismo, reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia. Por último, afirma el principio de la separación de poderes.

El Rey Luis XVI la ratificó el 5 de octubre, bajo la presión de la Asamblea y el pueblo, que había acudido a Versalles. Sirvió de preámbulo a la primera constitución de la Revolución Francesa, aprobada en 1791.

La Declaración de 1789 inspirará, en el siglo XIX, textos similares en numerosos países de Europa y América Latina. La tradición revolucionaria francesa está también presente en la Convención Europea de Derechos Humanos firmada en Roma el 4 de noviembre de 1950.

Texto

Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (26 de agosto de 1789)

Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.

En consecuencia, la Asamblea nacional reconoce y declara, en presencia del Ser Supremo y bajo sus auspicios, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:

Artículo primero.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.

Artículo 2.La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Artículo 3.El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo, ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo 4.La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley.

Artículo 5.La ley sólo tiene derecho a prohibir los actos perjudiciales para la sociedad. Nada que no esté prohibido por la ley puede ser impedido, y nadie puede ser constreñido a hacer algo que ésta no ordene.

Artículo 6.La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir a su elaboración, personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos, ya sea que proteja o que sancione. Como todos los ciudadanos son iguales ante ella, todos son igualmente admisibles en toda dignidad, cargo o empleo públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

Artículo 7.Ningún hombre puede ser acusado, arrestado o detenido, como no sea en los casos determinados por la ley y con arreglo a las formas que ésta ha prescrito. Quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deberán ser castigados; pero todo ciudadano convocado o aprehendido en virtud de la ley debe obedecer de inmediato; es culpable si opone resistencia.

Artículo 8.La ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y aplicada legalmente.

Artículo 9.Puesto que todo hombre se presume inocente mientras no sea declarado culpable, si se juzga indispensable detenerlo, todo rigor que no sea necesario para apoderarse de su persona debe ser severamente reprimido por la ley.

Artículo 10.Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, a condición de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley.

Artículo 11.La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.

Artículo 12.La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; por lo tanto, esta fuerza ha sido instituida en beneficio de todos, y no para el provecho particular de aquellos a quienes ha sido encomendada.

Artículo 13.Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, resulta indispensable una contribución común; ésta debe repartirse equitativamente entre los ciudadanos, proporcionalmente a su capacidad.

Artículo 14.Los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración.

Artículo 15.La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a todo agente público.

Artículo 16.Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.

Artículo 17.Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija de modo evidente, y a condición de una justa y previa indemnización.

 

jueves 22 de enero de 2009

Zamba de mi esperanza / Jorge Lanata


“Cuando uno pierde la esperanza se vuelve reaccionario.” (Jorge Guillén, poeta español, 1893-1984)

“La esperanza ha contribuido a perder al género humano.” (Henrik Johan Ibsen, dramaturgo noruego, 1828-1906)

“Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.(dejad, pues, los que entráis aquí, toda esperanza). (Inscripción en la puerta del infierno según Dante Alighieri en La Divina Comedia).


OK, manga de cínicos, cobardes y frustrados, me convencieron: el Negro no va a cambiar nada. Nada. Ni una puta cosa. Tuve –en la edición de ayer– un momento de debilidad: la musiquita, los niños con los globos frente al Capitolio, el inconcebible moño de Aretha Franklin: demasiado Sony, ya sé. Cometí el pecado de la ingenuidad, escribí en este diario que quizá, que por qué no, que al menos una vez. La jauría me cayó encima:

–¿Pero no ves que no es TAN negro?

–Es la continuidad del capitalismo explotador.

–¡Quiere que su país sea grande, y si su país es grande el nuestro es chico!

–¿Y Vietnam, y Pearl Harbor, y El Salvador y todas las otras películas de Stone?

–Ya lleva un día en el gobierno, ¿no? ¿Y qué hizo? ¿Nacionalizó Wall Street? ¿Disolvió el Fondo Monetario? ¿Condonó la deuda? ¿Bajó el precio del Big Mac?

Amanecí avergonzado de optimismo y hojeé las primeras planas de 721 diarios de 73 países (lo recomiendo, métanse en www.newseum.org): desde el Al-Ryadh de Arabia Saudita hasta The Dominion Post de Wellington, New Zealand, o The Winnipeg Sun de Canadá, pasando por el Bild alemán o toda la prensa de Nicaragua. Y supe, entonces, que el mundo vive equivocado y los argentinos tenemos razón: todos, en algún lugar, hablaban de esperanza. Pobre gente, ¿no? Deberíamos empezar a avivar giles.

El mundo no discute si el Negro nos va a cagar. El mundo observa que: 

• Por primera vez después de Kennedy surge un candidato con una capacidad de liderazgo inusitada.

• Ese candidato crece en base a las nuevas tecnologías y a los aportes de cinco y dos dólares para la campaña en un país donde vota la mitad del electorado.

• El candidato recurre a un discurso épico, de sacrificio y de corrección del rumbo histórico. 

• Dos millones de personas asisten durante horas a su ceremonia de asunción, bajo temperaturas de cinco o seis grados bajo cero. No llegaron hasta allí en micros contratados por el gobierno, y –si comieron o tomaron– pagaron por su choripán, tal vez llamado en origen “choribread”. 

¿Algo de esto convierte al Negro en el Mesías? No. El Mesías sigue siendo rubio y de barba rala. Tal vez, entonces, el problema sea otro: ¿qué esperan o esperaban del Negro aquellos que hoy sentencian que no cambiará nada? 

• Que eliminara la Green Card. 

• Que organizara koljós en Arizona. 

• Que impusiera la lectura obligatoria de Pierre Proudhon, al grito de: “La propiedad es un robo”.

Es curioso, porque en la confusión mundial, en el terrible error de la Humanidad que se permite creer, quizá, un poco, que Obama sea mejor que Bush, se escuchan voces insólitas: 

• En el Centro de Estudios sobre la vida del Che, de próxima inauguración en El Nuevo Vedado, Adelaida March, la última mujer de Guevara, dijo a El País de Madrid: 

–Niña, ni Jesucristo sabe lo que va a pasar. Ojalá Obama cumpla y haga un cambio. 

• En un programa de televisión en Moscú, Vladimir Putin, primer ministro ruso, le respondió al público que asistía a la emisión en vivo: 

–En estos momentos nos están llegando señales de cambios positivos en la relación con los Estados Unidos. Albergamos esperanzas. 

• En Medio Oriente, Mahmud Abbas, el presidente palestino, felicitó a Obama, insistió en la palabra esperanza y lo instó a involucrarse inmediatamente en el proceso de paz. El movimiento islamista Hamás se mostró dispuesto a conversar con el nuevo presidente: “No nos oponemos a mantener un diálogo con él. Obama debería aprender de los errores de su predecesor”, dijo Fawzi Barhum, portavoz de Hamás. 

¿Y si el Negro no puede? ¿O no quiere, o nunca quiso? 

¿Habría sido en vano esperar? Escribí ayer, en este diario, que no: porque la esperanza pone a prueba a quien la genera, pero mejora al que la profesa, a quien puede sostenerla, al que cree que este mundo, alguna vez, comenzará a cambiar en serio.

martes 13 de enero de 2009

Baby Food / The New Yorker

MATERNITY DEPT.

BABY FOOD

If breast is best, why are women bottling their milk?

by Jill LeporeJANUARY 19, 2009


Mid-nineteenth-century America was gripped by a cult of motherhood. Then, a few decades later, many women refused to nurse.

There are some new rules governing what used to be called “mother’s milk,” or “breast milk,” including one about what to call it when it’s no longer in a mother’s breast. A term, then, nomenclatural: “expressed human milk” is milk that has been pressed, squeezed, or sucked out of a woman’s breast by hand or by machine and stored in a bottle or, for freezing, in a plastic bag secured with a twist tie. Matters, regulatory: Can a woman carry containers of her own milk on an airplane? Before the summer of 2007, not more than three ounces, because the Transportation Security Administration classed human milk with shampoo, toothpaste, and Gatorade, until a Minneapolis woman heading home after a business trip was reduced to tears when a security guard at LaGuardia poured a two-day supply of her milk into a garbage bin. Dr. Ruth Lawrence, of the breast-feeding committee of the American Academy of Pediatrics, promptly told the press, “She needs every drop of that precious golden fluid for her baby”; lactivists, who often stage “nurse-ins,” sent petitions; and the T.S.A. eventually reclassified human milk as “liquid medication.” Can a woman sell her milk on eBay? It has been done, and, so far, with no more consequence than the opprobrium of the blogosphere, at least until the F.D.A. decides to tackle this one. The Centers for Disease Control and Prevention, however, does provide a fact sheet on “What to Do If an Infant or Child Is Mistakenly Fed Another Woman’s Expressed Breast Milk,” which can happen at day-care centers where fridges are full of bags of milk, labelled in smudgeable ink. (The C.D.C. advises that a switch “should be treated just as if an accidental exposure to other bodily fluids had occurred.”) During a nine-hour exam, can a woman take a break to express the milk uncomfortably filling her breasts? No, because the Americans with Disabilities Act does not consider lactation to be a disability. Can a human-milk bank pay a woman for her milk? (Milk banks provide hospitals with pasteurized human milk.) No, because doing so would violate the ethical standards of the Human Milk Banking Association of North America. If a nursing woman drinks to excess—some alcohol flows from the bloodstream into the mammary glands—can she be charged with child abuse? Hasn’t happened yet, but there’s been talk. Meanwhile, women who are worried can test a few drops with a product called milkscreen; if the alcohol level is too high, you’re supposed to wait and test again, but the temptation is: pump and dump.

An observation, historical: all this is so new that people are making up the rules as they go along. Before the nineteen-nineties, electric breast pumps, sophisticated pieces of medical equipment, were generally available only in hospitals, where they are used to express milk from women with inverted nipples and from mothers of infants too weak and tiny to suck. Today, breast pumps are such a ubiquitous personal accessory that they’re more like cell phones than like catheters. Last July, Stephen Colbert hooked up to a breast pump on “The Colbert Report.” In August, the Republican Vice-Presidential nominee, Sarah Palin, told People that she has often found herself having to “put down the BlackBerries and pick up the breast pump.” Pumps, in short, abound.

A treatise, mercantile: Medela, a Swiss company that has long been a breast-pump industry leader, introduced its first non-hospital, electric-powered, vacuum-operated breast pump in the United States in 1991; five years later it launched the swank Pump In Style. Since then, its sales have quadrupled. The traffic in pumps is brisk, although accurate sales figures are hard to come by, not least because many people buy the top-of-the-line models secondhand. (Manufacturers argue that if you wouldn’t buy a used toothbrush you shouldn’t buy a used breast pump, but a toothbrush doesn’t cost three hundred dollars.) Then, there’s the swag. “Baby-friendly” maternity wards that used to send new mothers home with free samples of infant formula now give out manual pumps: plastic, one-breast-at-a-time gizmos that work like a cross between a straw and a bicycle pump. Wal-Mart sells an Evenflo electric pump for less than forty dollars. Philips makes one “featuring new iQ Technology”; the pitch is: the pump’s memory chip makes it smart, but the name also plays on dubious claims that human milk raises I.Q. scores. State-of-the-art pumps whose motors, tubes, and freeze packs are wedged into bags disguised to look like black leather Fendi briefcases and Gucci backpacks are a must-have at baby showers; the Medela Pump In Style Advanced Metro model—“the C.E.O. of breast pumps”—costs $329.99 at Target. Medela also sells Pump & Save storage bags and breast shields. (The shield is the plastic part of the contraption that fits over the breast; it looks like a horn of plenty.) Medela’s no-hands model can be powered by your car’s cigarette lighter. Strenuous motherhood is de rigueur. Duck into the ladies’ room at a conference of, say, professors and chances are you’ll find a flock of women with matching “briefcases,” waiting, none too patiently and, trust me, more than a little sheepishly, for a turn with the electric outlet. Pumps come with plastic sleeves, like the sleeves in a man’s wallet, into which a mother is supposed to slip a photograph of her baby, because, Pavlov-like, looking at the picture aids “let-down,” the release of milk normally triggered by the presence of the baby, its touch, its cry. Staring at that picture when your baby is miles away, well, it can make you cry, too. Pumping is no fun—whether it’s more boring or more lonesome I find hard to say—but it has recently become so common that even some women who are home with their babies all day long express their milk and feed it in a bottle. Behind closed doors, the nation begins to look like a giant human dairy farm.

This makes it all the more worrying that the evolving rules governing human milk, including the proposed Breastfeeding Promotion Act of 2007, look a muddle. They indulge in a nomenclatural sleight of hand, conflating “breastfeeding” and “feeding human milk.” They are purblind, unwilling to eye whether it’s his mother or her milk that matters more to a baby. They suffer from a category error. Is human milk an elixir, a commodity, a right? The question is, at heart, taxonomical. And it has been asked before.

n 1735, when the Swedish naturalist Carl Linnaeus first sorted out the animal kingdom, he classed humans in a category called Quadrupedia: four-footed beasts. Even those of Linnaeus’s contemporaries who conceded the animality of man averred that people have two feet, not four. Ah, but hands are just feet that can grip, Linnaeus countered. This proved unpersuasive. By 1758, in a process that the Stanford historian of science Londa Schiebinger has reconstructed, Linnaeus had abandoned Quadrupedia in favor of a word that he made up, Mammalia: animals with milk-producing nipples. (The Latin root, mamma, meaning breast, teat, or udder, is closely related to the onomatopoeicmama—“mother”—thought to derive from the sound that a baby makes while suckling.) As categories go, “mammal” is an improvement over “quadruped,” especially if you’re thinking about what we have in common with whales. But, for a while, at least, it was deemed scandalously erotic. (Linnaeus’s classification of plants based on their reproductive organs, stamens and pistils, fell prey to a similar attack. “Loathsome harlotry,” one botanist called it.) More important, the name falls something short of capacious: only female mammals lactate; males, strictly speaking, are not mammals. Plenty of other features distinguish mammals from Linnaeus’s five other animal classes—birds, amphibians, fish, insects, and worms. (Tetracoilia, animals with a four-chambered heart, proposed by a contemporary of Linnaeus’s, the Scottish surgeon John Hunter, was at least as good an idea.) Linnaeus had his reasons. Naysayers might doubt that humans are essentially four-footed (whether on scriptural or arithmetic grounds), but no man born of woman, he figured, would dare deny that he was nourished by mother’s milk.

Then, too, while Linnaeus was revising his “Systema Naturae” from the twelve-page pamphlet that he published in 1735 to the two-thousand-page opus of 1758—and abandoning Quadrupedia in favor of Mammalia—his wife was, not irrelevantly, lactating. Between 1741 and 1757, she bore and nursed seven children. Her husband, meanwhile, lectured and campaigned against the widespread custom of wet-nursing. The practice is ancient; contracts for wet nurses have been found on scrolls in Babylonia. A very small number of women can’t breast-feed, and wet nurses also save the lives of infants whose mothers die in childbirth. But, in Linnaeus’s time, extraordinary numbers of European mothers—as many as ninety per cent of Parisian women—refused to breast-feed their babies and hired servants to do the work. In 1752, Linnaeus wrote a treatise entitled “Step Nurse,” declaring wet-nursing a crime against nature. Even the fiercest beasts nurse their young, with the utmost tenderness; surely women who resisted their mammalian destiny were to be ranked as lowlier than the lowliest brute.

Enlightenment doctors, philosophers, and legislators agreed: women should nurse their children. In “Émile” (1762), Rousseau prophesied, “When mothers deign to nurse their own children, then morals will reform themselves.” (Voltaire had a quibble or two about Rousseau’s own morals: the author of “Émile” had abandoned his five illegitimate children at birth, depositing them at a foundling hospital.) “There is no nurse like a mother,” Benjamin Franklin wrote in 1785, after discovering an infant-mortality rate of eighty-five per cent at the foundling hospital in Paris that relied on wet nurses (the hospital where Rousseau’s children all but certainly died), a discovery that explains why Franklin, in his autobiography, went to the trouble of remarking of his own mother, “She suckled all her 10 Children.” But wet nurses were not nearly as common in Colonial America as they were in eighteenth-century Europe. “Suckle your Infant your Self if you can,” Cotton Mather commanded from the pulpit. Puritans found milk divine: even the Good Book gave suck. “Spiritual Milk for Boston Babes, Drawn Out of the Breasts of Both Testaments” was the title of a popular catechism. By the end of the eighteenth century, breast-feeding had come to seem an act of citizenship. Mary Wollstonecraft, in her “Vindication of the Rights of Woman” (1792), scoffed that a mother who “neither suckles nor educates her children, scarcely deserves the name of a wife, and has no right to that of a citizen.” The following year, the French National Convention ruled that women who employed wet nurses could not apply for state aid; not long afterward, Prussia made breast-feeding a legal requirement.

There was also a soppy side to the Age of Reason. In 1794, Erasmus Darwin offered in “Zoonomia; or The Laws of Organic Life” a good summary of the eighteenth century’s passionate attitude toward the milky breast:


When the babe, soon after it is born into this cold world, is applied to its mother’s bosom; its sense of perceiving warmth is first agreeably affected; next its sense of smell is delighted with the odour of her milk; then its taste is gratified by the flavour of it; afterwards the appetites of hunger and of thirst afford pleasure by the possession of their objects, and by the subsequent digestion of the aliment; and, lastly, the sense of touch is delighted by the softness and smoothness of the milky fountain, the source of such variety and happiness. 

A half century later, across the Atlantic, this kind of thing had turned into a cult of motherhood, abundantly illustrated in daguerreotypes from the eighteen-fifties that showed babies suckling beneath the unbuttoned bodices of prim, sober American matrons, looking half Emily Dickinson, half Leonardo’s “Madonna and Child.”

Then, bizarrely, American women ran out of milk. “Every physician is becoming convinced that the number of mothers able to nurse their own children is decreasing,” one doctor wrote in 1887. Another reported that there was “something wrong with the mammary glands of the mothers in this country.” It is no mere coincidence that this happened just when the first artificial infant foods were becoming commercially available. Cows were proclaimed the new “wet nurse for the human race,” as the historian Adrienne Berney has pointed out in a study of the “maternal breast.” Tragically, many babies fed on modified cow’s milk died. But blaming those deaths on a nefarious alliance of doctors and infant-food manufacturers, as has become commonplace, seems both unfair and unduly influenced by later twentieth-century scandals (most infamously, Nestlé’s deadly peddling of infant formula in Africa and elsewhere, which led, in 1981, to the landmark International Code for Marketing Breastmilk Substitutes). In the United States, nineteenth- and early-twentieth-century physicians, far from pressing formula on their patients, told women that they ought to breast-feed. Many women, however, refused. They insisted that they lacked for milk, mammals no more.

n 1871, Erasmus Darwin’s grandson Charles published “Descent of Man,” in which he speculated that the anomalous occurrence in humans of extra nipples represented a reversion to an earlier stage of evolution. If our ancestors once suckled litters of four or six, and if—as was supposed—men had nipples because male mammals once produced milk, maybe women, too, were evolving out of the whole business. In 1904, one Chicago pediatrician argued that “the nursing function is destined gradually to disappear.” Gilded Age American women were so refined, so civilized, so delicate. How could they suckle like a barnyard animal? (By the turn of the century, the cow’s udder, or, more often, its head, had replaced the female human breast as the icon of milk.) Behind this question lay another: how could a white woman nurse a baby the way a black woman did? (Generations of black women, slave and free alike, not only nursed their own infants but also served as wet nurses to white babies.) Racial theorists ran microscopic tests of human milk: the whiter the mother, chemists claimed, the less nutritious her milk. On downy white breasts, rosy-red nipples had become all but vestigial. It was hardly surprising, then, that well-heeled women told their doctors that they had insufficient milk. By the nineteen-tens, a study of a thousand Boston women reported that ninety per cent of the poor mothers breast-fed, while only seventeen per cent of the wealthy mothers did. (Just about the opposite of the situation today.) Doctors, pointing out that evolution doesn’t happen so fast, tried to persuade these Brahmins to breast-feed, but by then it was too late.

The American epidemic of lactation failure depended, too, on the evolving design of baby bottles: so sleek, so clean, so scientific, so modern. The first U.S. patent for a baby bottle was issued in 1841; the device, shaped like a breast, could be held close to a mother’s chest, almost like a prosthetic. Year by year, bottles became less like breasts. The familial cylindrical bottle, called the Stork Nurser, dates from 1910 and is tied to the rise of the stork myth: milk comes from the milkman; babies come from storks. Perversely, Freud’s insistence that infants experience suckling as sexual pleasure proved a boon to stork-style repression, too: mothers, eager to keep infantile incestuous desire at arm’s length, propped their babies up in high chairs and handed them bottles.

Meanwhile, more and more women were giving birth in hospitals, which meant that, for the first time in human history, infants born prematurely, or very small, had a chance of survival—if only there were enough milk and a way to get it into the belly of a baby that was too tiny to suck at the breast.

n 1910, a Boston doctor, Fritz Talbot, spent three days searching for a wet nurse. He failed. Exasperated, Talbot established a placement service, the Boston Wet Nurse Directory. Across town, Francis Parkman Denny, caring for a sick baby, asked a neighbor to hand-express her milk for him. When the infant improved after drinking just three ounces, Denny, a bacteriologist, became convinced of the “bactericidal power” of human milk. The year after Talbot started his Wet Nurse Directory, Denny opened the first human-milk bank in the United States, collecting milk from donors using a breast pump whose design was inspired by bovine milking machines. (Milking machines are still cited in breast-pump patents; mechanically, Medela’s Pump In Style has much in common with DairyMaster’s Swiftflo.) Denny’s plan worked better: families who needed and could afford human milk did not generally like having poor women live with them; they preferred to have the milk delivered in bottles. Talbot stopped placing wet nurses and instead began distributing their milk; he renamed his agency the Directory of Mother’s Milk.

Once milk banks replaced wet nurses, human milk came to be treated, more and more, as a medicine, something to be prescribed and researched, tested and measured in flasks and beakers. Denny’s bottled, epidemiological model prevailed. Laboratory-made formulas improved, and aggressive marketing of processed infant food—not just bottles of formula but jars of mush and all manner of needless pap—grew to something between badgering and downright coercion. By the middle of the twentieth century, the majority of American women were feeding their babies formula. But, all the while, Erasmus Darwin’s rhapsodic view of the milky breast endured. “With his small head pillowed against your breast and your milk warming his insides, your baby knows a special closeness to you,” advised “The Womanly Art of Breastfeeding,” originally published by La Leche League in 1958, just two years after the league’s first meeting. “He is gaining a firm foundation in an important area of life—he is learning about love.” In the nineteen-sixties, nursing as a mammalian love-in began making a comeback, at least among wealthier women. (A brief history of food: when the rich eat white bread and buy formula, the poor eat brown bread and breast-feed; then they trade places.) In the decades since, the womanly art of breast-feeding has yielded, slowly but surely, to the medical science of human milk.

In 1997, the American Academy of Pediatrics issued a policy statement on “Breastfeeding and the Use of Human Milk,” declaring human milk to be “species-specific” and recommending it as the exclusive food for the first six months of a baby’s life, to be followed by a mixed diet of solid foods and human milk until at least the end of the first year. In that statement, and in a subsequent revision, the A.A.P. cited research linking breast-feeding to the reduced incidence and severity of, among other things, bacterial meningitis, diarrhea, respiratory-tract infection, ear infection, urinary-tract infection, sudden-infant-death syndrome, diabetes mellitus, lymphoma, leukemia, Hodgkin’s disease, obesity, and asthma. The benefits of breast-feeding are unrivalled; breast-feeding rates in the United States are low; the combination makes for a public-health dilemma. In 2000, the Department of Health and Human Services announced its goal of increasing the proportion of mothers who breast-feed their babies “at initiation” (i.e., before they leave the hospital) from a 1998 baseline of sixty-four per cent to a 2010 target of seventy-five per cent; until the age of six months, from twenty-nine per cent to fifty per cent; at one year, from sixteen per cent to twenty-five per cent. (The same targets were announced in 1990; they were not reached.) Attempts to improve initiation rates have met with much, if spotty, success. The Rush University Medical Center, in Chicago, which runs a peer-counselling program called the Mother’s Milk Club, has achieved an astonishing initiation rate of ninety-five per cent; nationally, the rate is not quite seventy-five per cent. More difficult has been raising the rates at six and twelve months. The C.D.C., which issues an annual Breastfeeding Report Card, has announced that for babies born in 2005 the rate of exclusive breast-feeding at six months was only twelve per cent (although the rate of some breast-feeding at six months had risen to forty-three per cent).

One big reason so many women stop breast-feeding is that more than half of mothers of infants under six months old go to work. The 1993 Family and Medical Leave Act guarantees only twelve weeks of (unpaid) maternity leave and, in marked contrast to established practice in other industrial nations, neither the government nor the typical employer offers much more. To follow a doctor’s orders, a woman who returns to work twelve weeks after childbirth has to find a way to feed her baby her own milk for another nine months. The nation suffers, in short, from a Human Milk Gap.

There are three ways to bridge that gap: longer maternity leaves, on-site infant child care, and pumps. Much effort has been spent implementing option No. 3, the cheap way out. Medela distributes pumps in more than ninety countries, but its biggest market, by far, is the United States, where maternity leaves are so stinting that many women—blue-, pink-, and white-collar alike—return to work just weeks after giving birth. (Breasts supply milk in response to demand; if a woman is unable to put her baby to her breast regularly, she will stop producing milk regularly. Expressing not only provides milk to be stored for times when she is away; it also makes it possible for a working woman to keep nursing her baby at night and on weekends.) In 1998, Congress authorized states to use food-stamp funds granted to the U.S.D.A.’s Special Supplemental Nutrition Program for Women, Infants, and Children (WIC) to buy or rent breast pumps for eligible mothers. Breast-feeding rates rise with maternal age, education, and income. Medela offers a Corporate Lactation Program, free advice for employers seeking to reduce absenteeism and health-insurance costs by establishing “Mother’s Rooms,” equipped, ideally, with super-duper electric pumps, because “breastpumps with double-pumping options save time and can even help increase a mother’s milk supply.” The loss of productivity, Medela promises, is slight: “If each employee uses safe, effective, autocycling breastpumps, each visit to the Mother’s Room should last no longer than 10 to 15 minutes.”

Even more intensive has been the energy directed toward legislative reform. Many states have recently passed laws about breast-feeding, having to do with option No. 3. Must companies supply employees with refrigerators to store milk expressed during the workday? Twenty-one states, along with Puerto Rico and the District of Columbia, require employers to make a “reasonable effort” to accommodate nursing mothers and their bottled milk, although these laws are, generally, toothless. As a rule, the posher the employer, the plusher the pump station. Traders at Goldman Sachs can use an online booking service to reserve time in dedicated lactation rooms, equipped with pumps and chairs; baristas at Starbucks are left to line up to use the customers’ loo. In 2007, Oregon became the first state to pass a law requiring companies with more than twenty-five employees to provide “non-bathroom” lactation rooms. (A national media campaign asks, reasonably enough, if you wouldn’t make your kid a sandwich in a public rest room, why would you expect a woman to bottle her baby’s milk in one?) Virginia and Maryland recently joined twenty-three other states and the Virgin Islands in exempting women who expose their breasts while suckling infants from indecency laws. Whether pumping in public is obscene has not yet been tested—honestly, who would want to?—but, what with all these lactation rooms, maybe that won’t come up.

More rules are under consideration. Can a woman or her employer get a tax break for producing or storing milk? Maryland exempts breast pumps from its sales tax, but a congressional sub-committee is still mulling over the Breastfeeding Promotion Act. The goals of the bill are to add the word “lactation”—defined as “the feeding of a child directly from the breast or the expressing of milk from the breast”—to the Civil Rights Act of 1964, and to allow a tax credit of up to ten thousand dollars per year to companies that provide their employees with pumps or pump rooms. A better title for the proposed legislation might be the Breast Pump Promotion Act.

he cynical politics of pump promotion would seem, at first, to be obvious. Breast pumps can be useful, even indispensable and, in some cases, lifesaving. But a thing doesn’t have to be underhanded to feel cold-blooded. Non-bathroom lactation rooms are such a paltry substitute for maternity leave, you might think that the craze for pumps—especially pressing them on poor women while giving tax breaks to big businesses—would be met with skepticism in some quarters. Not so. The National Organization for Women wants more pumps at work: NOW’s president, Kim Gandy, complains that “only one-third of mega-corporations provide a safe and private location for women to pump breast milk for their babies.” (When did “women’s rights” turn into “the right to work”?) The stark difference between employer-sponsored lactation programs and flesh-and-blood family life is difficult to overstate. Pumps put milk into bottles, even though many of breast-feeding’s benefits to the baby, and all of its social and emotional benefits, come not from the liquid itself but from the smiling and cuddling (stuff that people who aren’t breast-feeding can give babies, too). Breast-feeding involves cradling your baby; pumping involves cupping plastic shields on your breasts and watching your nipples squirt milk down a tube. But this truth isn’t just rarely overstated; it’s rarely stated at all. In 2004, when Playtex débuted a breast pump called the Embrace, no one bothered to point out that something you plug into a wall socket is a far cry from a whisper and a kiss. Rhode Island’s Physicians’ Committee for Breastfeeding gives an annual award for the most “Breastfeeding-Friendly Workplace,” a merit measured, in the main, by the comforts provided in pumping rooms, like the gold-medal winner’s “soothing room,” equipped with “a sink, a lock on the door, and literature.” It appears no longer within the realm of the imaginable that, instead of running water and a stack of magazines, “breastfeeding-friendly” could mean making it possible for women and their babies to be together. Some lactation rooms even make a point of banning infants and toddlers, lest mothers smuggle them in for a quick nip. At the University of Minnesota, staff with keys can pump their milk at the Expression Connection, but the sign on the door warns: “This room is not intended for mothers who need a space to nurse their babies.”

Lately, some WIC officers have begun to worry that pump promotion might be backfiring, having “the unintended effect of discouraging breastfeeding.” But such cautions have hardly stopped the anti-formula fire and brimstone. Between 2004 and 2006, a National Breastfeeding Awareness Campaign included TV ads that likened a mother feeding her baby formula to a pregnant woman riding a mechanical bull: “You’d never take risks before your baby is born. Why start after?” No one seems especially worried about women whose risk assessment looks like this: “Should I take three twenty-minute pumping ‘breaks’ during my workday, or use formula and get home to my baby an hour earlier?”

Pumps can be handy; they’re also a handy way to avoid privately agonizing and publicly unpalatable questions: is it the mother, or her milk, that matters more to the baby? Gadgets are one of the few ways to “promote breast-feeding” while avoiding harder—and divisive and more stubborn—social and economic issues. Is milk medicine? Is suckling love? Taxonomical questions are tricky. Meanwhile, mamma ex machina. Medela’s newest models offer breakthrough “2-Phase Expression” technology: phase one “simulates the baby’s initial rapid suckling to initiate faster milk flow”; phase two “simulates the baby’s slower, deeper suckling for maximum milk flow in less time.” These newest machines, the company promises, “work less like a pump and more like a baby.” More like a baby? Holy cow. We are become our own wet nurses. 

PHOTOGRAPH: SOUTHWORTH & HAWES/COURTESY BUHL COLLECTION; ILLUSTRATION: ADVERTISING ARCHIVES

martes 6 de enero de 2009

Política y sociedadLa memoria perdida: archivos, desidia y falta de información

Entre funcionarios que al terminar su período se llevan los papeles y aquellos que la destruyen por considerarla poco importante, la calidad de la documentación en nuestro país sigue siendo mala.

lanacion.com | Enfoques | Domingo 28 de octubre de 2007

miércoles 31 de diciembre de 2008

Vergüenza / Antonio Elio Brailovsky

El desarrollo de la gran minería es uno de los temas que ha levantado mayores polémicas en nuestra sociedad y que ha mostrado los puntos de vista más contrapuestos. De un lado, se afirma que toda actividad extractiva genera profundos daños sobre el ambiente y la salud de las personas y que es necesaria su erradicación.

Del otro, se sostiene que ninguno de los emprendimientos mineros en marcha tiene esas características y que son absolutamente seguros.

¿A quién creerle? ¿A los que idealizan o a los que demonizan la minería? ¿Existe un punto de vista intermedio entre estas dos posturas? Y en ese caso, ¿en qué lugar situarlo?

En principio, dado que todos consumimos productos de origen minero, suponemos que esta actividad debería ser aceptable si se hacen estrictos controles ambientales. Pero, ¿realmente se hacen o sólo se habla de ellos?

Aquí, uno de los puntos más delicados es la protección de las fuentes de agua potable, especialmente en zonas áridas y semiáridas, que son aquellas donde se localiza la mayor parte de los yacimientos mineros.

Recordemos que la minería es una actividad de corto plazo (se termina cuando se agota el yacimiento), pero el daño sobre una fuente de agua potable puede ser irreversible, si no se toman las precauciones necesarias. Además, el cambio climático significa que las zonas secas recibirán cada vez menos precipitaciones, a punto tal que tal vez en el futuro tengamos que abandonar algunas ciudades de la zona cordillerana, por no poder darles agua potable.

Al respecto, quienes se oponen a la gran minería han denunciado la existencia de proyectos que implicarían la voladura de glaciares para extraer los minerales que se encuentran debajo de ellos. Los defensores de la actividad minera han replicado que nadie está pensando en cometer tamaña irresponsabilidad y que las sospechas carecen de fundamento.

Esta polémica ha sido zanjada por la Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, de la peor manera posible. La Presidenta ha vetado una Ley Nacional de Protección de Glaciares, con el argumento de que esa ley prohibía la actividad minera en ellos.

La ley 26.418, aprobada el 22 de octubre de 2008, es una norma excelente, que establece:

·       Protección del glaciar y el periglaciar, es decir, también el entorno de esa formación natural.

·        Realización de un inventario de glaciares y su actualización periódica.

·     Prohibición de actividades que puedan afectar al glaciar, como dispersión de contaminantes, actividad industrial, minera o petrolífera y construcciones u obras de infraestructura inadecuadas.

·        Toda actividad no prohibida que allí se haga requerirá de una evaluación de impacto ambiental o evaluación ambiental estratégica, según corresponda. También se les realizarán auditorías periódicas. 

Destaquemos que la Ley fue aprobada por unanimidad de ambas Cámaras, simplemente porque todos los Diputados y Senadores creyeron que era cierto que nadie cometería la irresponsabilidad de tocar los glaciares.

El diario La Nación, en su edición del 4 de diciembre último, atribuye el veto a gestiones de la empresa minera Barrick Gold. Si es cierto que una empresa multinacional puede deshacer el trabajo de los legisladores elegidos por el pueblo, nuestra democracia está en serios problemas.

EL VETO PRESIDENCIAL

La lectura del veto presidencial muestra una clara subestimación tanto de los riesgos ambientales como de la inteligencia de las personas que vayan a leen el decreto:

·       Afirma que inventariar los glaciares ubicados en zonas fronterizas puede perjudicar la demarcación del límite internacional, lo cual simplemente no es cierto.

·        Señala que el establecimiento de presupuestos mínimos no puede limitarse a la absoluta prohibición de actividades”, lo que tampoco es cierto. Por supuesto que una Ley Nacional puede prohibir que en las provincias se desarrollen ciertas actividades de riesgo, mucho más en el caso de las fuentes de agua de cuencas hídricas que atraviesan varias provincias. Olvida el Decreto la prohibición por Ley del PCB (el refrigerante tóxico que se usaba en los viejos transformadores).

·       Dice que la prohibición de la minería en los glaciares “podría afectar el desarrollo económico de las provinciasinvolucradas”, sin explicar de qué modo sería posible un desarrollo económico si se carece de agua potable.

·       Considera que las precauciones que se toman son excesivas, que no es necesario obligar a una evaluación de impacto ambiental ni a realizar auditorías ambientales, sino que bastan las normas provinciales, que no detalla. Olvida que las precauciones se toman debido a la enorme fragilidad de estos sitios, que se encuentran en un retroceso que no debe ser acelerado.

·   Dice que la Ley aprobada "condiciona cualquier otra actividad no prohibida a la presentación y aprobación de estudio de impacto ambiental". De este modo, el Decreto presidencial confunde estudio de impacto ambiental con evaluación de impacto ambiental, un error que implica un aplazo para cualquier alumno que rinda examen de estos temas. El estudio es sólo la carpeta con la presentación de la empresa, pero la evaluación es un procedimiento complejo que incluye la discusión del estudio en Audiencia Pública con todos los ciudadanos interesados en manifestar su opinión sobre el mismo.

·    También cuestiona que "se pretende someter a las actividades en ejecución a una nueva auditoría ambiental a resultas de la cual, podría disponerse el traslado o cese de la actividad". La auditoría ambiental es la herramienta para saber si alguien realmente cumple con lo que prometió que iba a hacer. Rechazar las auditorías ambientales equivale a reconocer que hay empresas que no están cumpliendo con las normas ambientales y están poniendo en peligro los glaciares.

·    Dice que “Gobernadores de la zona cordillerana han manifestado su preocupación con lo dispuesto por la norma sancionada, toda vez que repercutiría negativamente en el desarrollo económico y en las inversiones que se llevan a cabo en dichas provincias".¿Acaso esos Gobernadores saben que en sus provincias hay emprendimientos mineros que no resistirían una auditoría ambiental?

No detalla cuáles han sido los Gobernadores más preocupados por las inversiones que por el agua potable de sus respectivas provincias, pero de la lectura del Decreto se desprende la decisión política de no realizar controles ambientales serios sobre la actividad minera y de no proteger las principales fuentes de agua potable de nuestras zonas áridas y semiáridas.

En esta entrega, ustedes reciben:

  • El texto de la Ley de Protección de Glaciares.
  • El Decreto que la vetó.
  • La obra de arte que acompaña esta entrega es "Los Dinamiteros", del pintor vasco Elías Salaverría, que nos muestra a los hombres que se jugaron la vida para abrir a la producción las vetas de los minerales. La he incluido para recordarnos que la minería es una actividad de alto riesgo y que debe realizarse con los mayores controles posibles.
Un gran abrazo a todos.
Antonio Elio Brailovsky
                          
                                                    Elías Salaverría: "Los mineros", 1928

Ley de presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial Nº 26.4128

ARTICULO 1º.- Objeto. La presente ley establece los presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas.


ARTICULO 2º.- Definición. A los efectos de la presente ley, se entiende por glaciar toda masa de hielo perenne estable o que fluye lentamente, con o sin agua intersticial, formado por la recristalización de la nieve, ubicado en diferentes ecosistemas, cualquiera sea su forma, dimensión y estado de conservación. Son parte constituyente de cada glaciar el material detrítico rocoso y los cursos internos y superficiales de agua.

Asimismo, se entiende por ambiente periglacial el área de alta montaña con suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico.

ARTICULO 3º.- Inventario. Créase el Inventario Nacional de Glaciares, donde se individualizarán todos los glaciares y geoformas periglaciales que actúan como reservas hídricas existentes en el territorio nacional con toda la información necesaria para su adecuada protección, control y monitoreo.

ARTICULO 4º.- Información Registrada. El Inventario Nacional de Glaciares deberá contener la información de los glaciares y del ambiente periglacial por cuenca hidrográfica, ubicación, superficie y clasificación morfológica de los glaciares y del ambiente periglacial. Este Inventario deberá actualizarse con una periodicidad no mayor de 5 años, verificando los cambios en superficie de los glaciares y del ambiente periglacial, su estado de avance o retroceso y otros factores que sean relevantes para su conservación.

ARTICULO 5º.- El inventario y monitoreo del estado de los glaciares será realizado por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) con la coordinación de la Autoridad Nacional de Aplicación de la presente ley.

ARTICULO 6º.- Actividades Prohibidas. En los glaciares quedan prohibidas las actividades que puedan afectar su condición natural o las funciones señaladas en el artículo 1º, impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance, en particular las siguientes:

a) La liberación, dispersión o disposición de sustancias o elementos contaminantes, productos químicos o residuos de cualquier naturaleza o volumen;

b) La construcción de obras de arquitectura o infraestructura con excepción de aquellas necesarias para la investigación científica;

c) La exploración y explotación minera o petrolífera. Se incluyen en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial saturado en hielo;

d) La instalación de industrias o desarrollo de obras o actividades industriales.

ARTICULO 7º.- Todas las actividades proyectadas en los glaciares o el ambiente periglacial, que no se encuentran prohibidas, estarán sujetas a un procedimiento de evaluación de impacto ambiental y evaluación ambiental estratégica, según corresponda conforme escala de intervención, previo a su autorización y ejecución, conforme a la normativa vigente.

Se exceptúan de dicho requisito las siguientes actividades:

a) De rescate, derivado de emergencias aéreas o terrestres;

b) Científicas, realizada a pie o sobre esquíes, con eventual toma de muestras, que no dejen desechos en los glaciares y el ambiente periglacial;

c) Deportivas, incluyendo andinismo, escalada y deportes no motorizados que no perturben el ambiente.

ARTICULO 8º.- Autoridad Competente. A los efectos de la presente ley, será autoridad competente aquella que determine cada jurisdicción.

ARTICULO 9º.- Autoridad de Aplicación. Será autoridad de aplicación de la presente ley el organismo nacional de mayor nivel jerárquico con competencia ambiental.

ARTICULO 10.- Serán funciones de la autoridad de aplicación:

a) Formular las acciones conducentes a la conservación y protección de los glaciares y del ambiente periglacial, en forma coordinada con las autoridades competentes de las provincias, en el ámbito del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA);

b) Realizar y mantener actualizado el Inventario Nacional de Glaciares, a través del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA);

c) Elaborar un informe periódico sobre el estado de los glaciares existentes en el territorio argentino, así como los proyectos o actividades que se realicen sobre glaciares o sus zonas de influencia, el que será remitido al Congreso de la Nación;

d) Asesorar y apoyar a las jurisdicciones locales en los programas de monitoreo, fiscalización y protección de glaciares;

e) Crear programas de promoción e incentivo a la investigación;

f) Desarrollar campañas de educación e información ambiental conforme los objetivos de la presente ley.

ARTICULO 11.- Infracciones y Sanciones. El incumplimiento de las disposiciones de la presente ley y las normas complementarias que en su consecuencia se dicten, previo sumario que asegure el derecho de defensa y la valoración de la naturaleza de la infracción y el daño ocasionado, serán objeto de las siguientes sanciones, conforme a las normas de procedimiento administrativo que correspondan:

a) Apercibimiento;

b) Multa de CIEN (100) a CIEN MIL (100.000) sueldos mínimos de la categoría básica inicial de la administración correspondiente;

c) Suspensión de la actividad de TREINTA (30) días hasta UN (1) año, según corresponda y atendiendo a las circunstancias del caso;

d) Cese definitivo de la actividad.

Estas sanciones se aplicarán sin perjuicio de la responsabilidad civil o penal que pudiere imputarse al infractor.

ARTICULO 12.- En caso de reincidencia, los mínimos y máximos de las sanciones previstas en los incisos b) y c) podrán triplicarse. Se considerará reincidente al que, dentro del término de CINCO (5) años anteriores a la fecha de comisión de la infracción, haya sido sancionado por otra infracción de causa ambiental.

ARTICULO 13.- Cuando el infractor fuere una persona jurídica, los que tengan a su cargo la dirección, administración o gerencia, serán solidariamente responsables de las sanciones establecidas en la presente ley.

ARTICULO 14.- El importe percibido por las autoridades competentes, en concepto de multas, se destinará, preferentemente, a la protección y restauración ambiental de los glaciares afectados en cada una de las jurisdicciones.

ARTICULO 15.- Disposición Transitoria. Las actividades descritas en el artículo 6º, en ejecución al momento de la sanción de la presente ley, deberán, en un plazo máximo de 180 días, someterse a una auditoría ambiental en la que se identifiquen y cuantifiquen los impactos ambientales potenciales y generados. En caso de verificarse impacto significativo sobre glaciares o ambiente periglacial se ordenará el cese o traslado de la actividad y las medidas de protección, limpieza y restauración que correspondan.

ARTICULO 16.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL SENADO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS VEINTIDÓS DIAS DEL MES DE OCTUBRE DEL AÑO DOS MIL OCHO.


B.O. 11/11/08 - Decreto 1837/08 - POLITICA AMBIENTAL NACIONAL - Observa Proyecto de Ley 26.418

POLITICA AMBIENTAL NACIONAL

Decreto 1837/2008

Obsérvase el Proyecto de Ley registrado bajo el Nº 26.418

Bs. As., 10/11/2008

VISTO el Proyecto de Ley registrado bajo el Nº 26.418, sancionado por el HONORABLE CONGRESO DE LA NACION el 22 de octubre de 2008, y

CONSIDERANDO:

Que el Gobierno Nacional se encuentra comprometido con la protección del medio ambiente ya que es esencial para la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras. La preservación del ambiente constituye un aspecto fundamental de la agenda política internacional con impactos crecientes en el territorio nacional, declarándose al desarrollo sustentable como una política de Estado.

Que se ha avanzado en la incorporación de la dimensión ambiental en todos los niveles de Gobierno, optimizando el uso de instrumentos tales como el ordenamiento territorial, la obligatoria evaluación del impacto ambiental, la adopción de sistemas de diagnóstico e información ambiental, la participación ciudadana y el régimen económico de desarrollo sostenible.

Que en ese sentido, la Ley General del Ambiente Nº 25.675 establece los presupuestos mínimos para el logro de una gestión sustentable y adecuada del ambiente, la preservación y protección de la diversidad biológica y la implementación del desarrollo sustentable.

Que la referida Ley General del Ambiente dispone que los instrumentos de la política y la gestión ambiental son: el ordenamiento ambiental del territorio, la evaluación de impacto ambiental, el sistema de control sobre el desarrollo de las actividades antrópicas, la educación ambiental, el sistema de diagnóstico e información ambiental y el régimen económico de promoción del desarrollo sustentable.

Que además, establece el Sistema Federal Ambiental con el objeto de desarrollar la coordinación de la política ambiental, tendiente al logro del desarrollo sustentable, entre el Gobierno Nacional, los Gobiernos Provinciales y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, instrumentado a través del Consejo Federal de Medio Ambiente.

Que, por otra parte, establece las normas que regirán los hechos o actos jurídicos lícitos o ilícitos que, por acción u omisión, causen daño ambiental de incidencia colectiva, definiéndolo como toda alteración relevante que modifique negativamente el ambiente, sus recursos, el equilibrio de los ecosistemas, o los bienes o valores colectivos.

Que por el Proyecto de Ley registrado bajo el Nº 26.418 se procura establecer los presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas.

Que a través de los artículos 3º, 4º y 5º del mencionado Proyecto de Ley se crea el Inventario Nacional de Glaciares, donde se individualizarán todos los glaciares y geoformas periglaciales que actúan como reservas hídricas existentes en el territorio nacional con toda la información necesaria para su adecuada protección, control y monitoreo; se determina la información que deberá contener dicho Inventario y el plazo para su actualización; y se prevé su realización por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales con la coordinación de la Autoridad Nacional de Aplicación de la norma sancionada.

Que al respecto, como bien ha señalado el MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES, COMERCIO INTERNACIONAL Y CULTO, la gran mayoría de los glaciares que están ubicados en el territorio continental argentino, se encuentran en las adyacencias del límite internacional con la REPUBLICA DE CHILE, en áreas que se encuentran aún pendientes de demarcación, y la inclusión o exclusión de glaciares en el inventario puede tener efectos en relación con los trabajos de demarcación en curso.

Que el artículo 6º del Proyecto de Ley prohíbe, en los glaciares, las actividades que puedan afectar su condición natural o que impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance, en particular las siguientes: a) la liberación, dispersión o disposición de sustancias o elementos contaminantes, productos químicos o residuos de cualquier naturaleza o volumen; b) la construcción de obras de arquitectura o infraestructura con excepción de aquellas necesarias para la investigación científica; c) la exploración y explotación minera o petrolífera, incluyendo en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial saturado en hielo y d) la instalación de industrias o desarrollo de obras o actividades industriales.

Que, tal como señala la SECRETARIA DE MINERIA del MINISTERIO DE PLANIFICACION FEDERAL, INVERSION PUBLICA Y SERVICIOS, el establecimiento de presupuestos mínimos no puede limitarse a la absoluta prohibición de actividades, sino por el contrario a fijar parámetros mínimos que las provincias deben asegurar, pudiendo éstas establecer parámetros más rígidos aún, de acuerdo a su especial situación ambiental.

Que, en la actualidad, previo a la autorización de cualquier actividad y la concreción de cada inversión debe verificarse a nivel provincial la posibilidad, viabilidad técnica y ambiental de su realización, y así únicamente se procede a autorizar las actividades que implican o conllevan la posibilidad de realizarse en el marco de un desarrollo sustentable con cuidado del medio ambiente.

Que la prohibición de actividades descripta en el referido artículo 6º del Proyecto de Ley, de regir, podría afectar el desarrollo económico de las provincias involucradas, implicando la imposibilidad de desarrollar cualquier tipo de actividad u obra en zonas cordilleranas. En este sentido, la prohibición de construcción de obras de infraestructura no toma en cuenta que muchas de ellas tienen carácter público y son de uso comunitario como los pasos fronterizos; y la prohibición de la exploración y explotación minera o petrolífera, incluyendo en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial saturado en hielo, daría preeminencia a los aspectos ambientales por encima de actividades que podrían autorizarse y desarrollarse en perfecto cuidado del medio ambiente.

Que, en virtud de que la Ley General del Ambiente Nº 25.675 prevé el sistema de evaluación de impacto ambiental previo a la autorización de toda obra o actividad susceptible de degradar el ambiente, la prohibición contenida en el artículo 6º del Proyecto de Ley sancionado resulta excesiva, no pudiendo constituir válidamente parte de un presupuesto mínimo ambiental.

Que el artículo 7º del Proyecto de Ley dispone que todas las actividades proyectadas en los glaciares o el ambiente periglacial, que no se encuentran prohibidas, estarán sujetas a un procedimiento de evaluación de impacto ambiental y evaluación ambiental estratégica, según corresponda conforme escala de intervención, previo a su autorización y ejecución, conforme a la normativa vigente, con excepción de las actividades de rescate, científicas y deportivas.

Que el referido artículo 7º del Proyecto de Ley condiciona cualquier otra actividad no prohibida a la presentación y aprobación de estudio de impacto ambiental.

Que el artículo 15 del Proyecto de Ley establece que las actividades descriptas en el artículo 6º, en ejecución al momento de la sanción de la norma, deberán, en un plazo máximo de CIENTO OCHENTA (180) días, someterse a una auditoría ambiental en la que se identifiquen y cuantifiquen los impactos ambientales potenciales generados, y en caso de verificarse impacto significativo sobre glaciares o ambiente periglacial se ordenará el cese o traslado de la actividad y las medidas de protección, limpieza y restauración que correspondan.

Que el referido artículo 15 del Proyecto de Ley, toda vez que pretende someter a las actividades en ejecución a una nueva auditoría ambiental a resultas de la cual, podría disponerse el traslado o cese de la actividad, no pondera que cada actividad en ejecución en las provincias involucradas pasa por las evaluaciones y autorizaciones ambientales pertinentes previo a entrar en ejecución y es objeto de monitoreo constante por parte de las autoridades ambientales provinciales.

Que las actividades que la norma prohíbe en su artículo 6º y la realización de una auditoría ambiental de las actividades en ejecución prevista en el artículo 15, no contempla que las provincias involucradas, a través de las instituciones y las normas nacionales y locales existentes, cuentan con los controles suficientes para evaluar y autorizar las actividades de infraestructura, industriales, mineras, hidrocarburíferas, etc., en plena armonía, equilibrio y cuidado del medio ambiente.

Que por ello, Gobernadores de la zona cordillerana han manifestado su preocupación con lo dispuesto por la norma sancionada, toda vez que repercutiría negativamente en el desarrollo económico y en las inversiones que se llevan a cabo en dichas provincias.

Que el artículo 41 de la Constitución Nacional garantiza a todos los habitantes el derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras. Asimismo, dispone que corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales.

Que el Proyecto de Ley sancionado, al disponer sobre recursos provinciales, excede el alcance de las facultades reservadas a la Nación en el artículo 41 de la Constitución Nacional.

Que las observaciones desarrolladas en los considerandos anteriores impiden la promulgación parcial del Proyecto de Ley, por cuanto su aprobación parcial implicaría alterar el espíritu y la unidad del proyecto sancionado por el HONORABLE CONGRESO DE LA NACION.

Que el Gobierno Nacional, comprometido con la preservación del medio ambiente y en salvaguarda de la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras, considera oportuno invitar a los Señores Gobernadores, Senadores Nacionales y Diputados Nacionales, de las Provincias cordilleranas, a constituir un foro interdisciplinario para la discusión de las medidas a adoptar en orden a la protección de los glaciares y del ambiente periglacial.

Que el PODER EJECUTIVO NACIONAL se encuentra facultado para dictar el presente en virtud de lo dispuesto por el artículo 83 de la CONSTITUCION DE LA NACION ARGENTINA.

Por ello,

LA PRESIDENTA DE LA NACION ARGENTINA

DECRETA:

Artículo 1º — Obsérvase el Proyecto de Ley registrado bajo el Nº 26.418.

Art. 2º — Devuélvase al HONORABLE CONGRESO DE LA NACION el Proyecto de Ley mencionado en el artículo anterior.

Art. 3º — Invítase a los Señores Gobernadores, Senadores Nacionales y Diputados Nacionales, de las Provincias cordilleranas, a constituir un foro interdisciplinario para la discusión de las medidas a adoptar en orden a la protección de los glaciares y del ambiente periglacial.

Art. 4º — Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.

— FERNANDEZ DE KIRCHNER. — Sergio T. Massa.

Las 100 boludeces de 2008 / Crítica (El diario de Jorge Lanata)

1) “Vamos a traer a Tutankamón a la Argentina” (Cristina).
2 ) La inflación anual no superó el 8% (Indec).
3) “Hay que parar de robar seis meses” (actualización doctrinaria de Luis Barrionuevo).
4) “Los carteles de la droga no operan acá. Son mexicanos sueltos” (Aníbal F).
5) “Soy virgen” (Julio César Grassi).
6) El libro de poemas de Belén Francese.
7) River sale campeón con Ortega. River echa a Ortega. River sale último.
8) “Le vamos a sacar los calzones del orto a Nadal” (Juan Martín del Potro antes de la Copa Davis).
9) El intento de echar a la rectora del Mariano Acosta por compartir la fiesta de fin de año de sus
alumnos jugando con agua.
10) El éxito del tema “Elena no” de Los Grosos.
11) Hay que poner 700 mil millones de dólares para salvar a Wall Street.
12) Lanata se va al Maipo para financiar a este diario.
13) “Quedate tranquilo, Néstor, esto es un quilombito de dos días (Martín Lousteau al lanzar las retenciones móviles).
14) “Todas las mañanas Cristina me recuerda: ¡Qué vicepresidente me pusiste, Néstor!”.
15) “Cristo también tuvo su Judas” (Pichetto antes del voto no positivo).
16) “Lo único que hice con mi voto fue evitar que se tuvieran que ir” (Julio Cobos).
17) “Desempató Cobos, las retenciones ya son ley” (título de Página/12 online, formulaciones similares en Infobae y diario Diagonales).
18) Las remeras con la leyenda “mi voto no es positivo”.
19) “Estuvieron reunidos el Presidente y la Vicepresidenta” (furcio de Massita al informar sobre el encuentro entre Cristina y Cleto).
20) “La soja es un yuyo” (Cristina).
21) Al toro campeón de la Rural lo bautizaron Cleto.
22) “Nos hicieron cartera, como al yacaré” (Alfredo De Angeli).
23) La plata que se gastó en las siete carpas K frente al Congreso, en la carpa verde frente al Congreso y en el torito inflable de De Angeli.
24) “Hay que meterles palos y gases. Son los responsables de los desaparecidos” (Hebe de Bonafini sobre los piquetes del campo).
25) “Si quieren venir, que vengan, como dijo el General, los estamos esperando”. El intendente de Armstrong, Fernando Fischer, creyó citar a Perón y en realidad estaba citando a Galtieri. Después, no le alcanzaban los micrófonos para pedir disculpas.
26) Se agotó el stock de barbijos en Buenos Aires por el humo que llegaba desde campos incendiados.
27) “El diente que se ponía y se sacaba Alfredo De Angeli”.
28) La Presidenta argentina llegó tarde a la foto grupal de todas las cumbres de presidentes a las que asistió.
29) “Para mí, se la olvidaron en un operativo anterior” (José Granero sobre la droga hallada en un auto de la Sedronar).
30) Aldo Rico, candidato kirchnerista.
31) “Los ladrillos también se hacen con bosta” (D’Elía sobre la incorporación de Aldo Rico).
32) “¿Vos le votaste a Cristian?”... No lo hagas más (Diego Santilli, vicepresidente de la Legislatura porteña a sus diputruchos).
33) “Entré y estalló una ovación. Pero te juro que yo no sabía por qué me aplaudían”. (Borocotó, luego de convertirse en el diputado 129 que dio quórum para la ley de blanqueo).
34) “Papel Prensa no contamina” (comunicado del directorio de Papel Prensa).
35) “En la prisión se aprende a ser hombre de verdad” (Gaby Álvarez, vestido con un poncho blanco en la cárcel de Las Rosas, Uruguay).
36) “Los desaparecidos son un arbitrio psicológico” (Antonio Bussi antes de escuchar su condena a cadena perpetua).
37) La apelación del profesor Luis D’Elía al “odio por los blancos”.
38) El show del pastor Luis Palau, declarado de “interés nacional”.
39) “No sabemos con exactitud cuánto dinero era” (Daniel Peralta, gobernador de Santa Cruz, sobre los fondos depositados en Suiza).
40) La sobrina de Kirchner investigará, como fiscal, el regalo de terrenos fiscales en El Calafate. Los investigados son el propio Kirchner y la propia fiscal.
41) “Necesito 20 mil pesos para vivir” (Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabiente porteño).
42) “Son componentes para cumplir con la ley” (Horacio González Gaviola, funcionario kirchnerista, al explicar por qué se duplicó el sueldo como superintendente de AFJP y, luego, de ART).
43) “La Navidad me pone muy flexible” (Elisa Carrió para sugerir que Macri ya no es un límite en su política de alianzas).
44) La acusación oficial a Pino Solanas por el estallido de los usuarios del Ferrocarril Sarmiento que hartos de las demoras y el hacinamiento quemaron vagones.
45) Los mapas editados por el Ministerio de Defensa. Las islas Malvinas aparecen como Falklands.
46) “¿A qué especie pertenece un hombre de raza amarilla? ¿Y uno negro?”, pregunta incluida en manuales que se utilizan en la escuela primaria, según denuncia realizada por el INADI.
47) La Tota Santillán, galán irresistible.
48) Javier Calamaro les cantó a las ballenas bajo el agua. Las ballenas se fueron.
49) La escupida de Sabrina Sabrok a Laufaci en Bailando por un sueño.
50) Los debates por el desmayo de Jelinek.
51) Placa roja de Crónica: “La Plata: asaltan, golpean salvajemente a una anciana y le comen la pastafrola”.
52) Las promos de Telefe que anunciaron un programa que salió por América TV: Todos contra Juan.
53) “Hay un millón de delitos cometidos por menores cada año” (Salcedo, jefe de la Bonaerense).
54) “Que entreguen al prófugo” (Néstor a la justicia de Estados Unidos en referencia a Antonini Wilson).
55) María del Luján Telpuk, la agente aeroportuaria que descubrió el Valijagate, tapa de Playboy.
56) “Antonini jamás estuvo en la Casa Rosada” (Aníbal F).
57) El proyecto del tren bala.
58) "Fui menemista disciplinado. ¿Y?" (Miguel Ángel Pichetto)
59) "Debe ser la envidia por el éxito de mi último libro" (Domingo Cavallo, sobre la seguidilla de escraches que padeció en París y Argentina al cumplirse otro aniversario del corralito)
60) El cura brasileño que se ató a mil globos y voló, voló y voló.
61) El espectáculo infantil de Nazarena Vélez.
62) "No hagan chanchadas en espacios públicos" (Mauricio Macri a los porteños)
63) No vetamos la ley de glaciares. Sólo estamos impulsando una ley más perfecta (Poder Ejecutivo Nacional).
64) Un fiscal pide 10 días de cárcel apra Riquelme por gritarle un gol con insultos a un hincha de Boca que lo hostigaba desde la platea.
65 "Son más importantes los torneos locales que la Copa Libertadores". (José María Aguilar, presidente de River, tras quedar eliminado de la Copa Libertadores).
66) El regreso del cabaret a Boca. La "Pelea" Riquelme-Cáceres.
67) Ischia quemó al arquerito García el reemplazarlo después de un gol tonto en el partido final. Si ya le habían hecho goles tontos en los tres partidos anteriores y si encima estaba lesionado, ¿para qué lo puso?
68) “Los jugadores son unos hijos de mil putas, los voy a matar a todos si no salimos adelante” Horacio Uzandizaga, presidente de Rosario Central, ante la amenaza del descenso. Pese a ese “estímulo”, el club terminó penúltimo.
69) “Ese árbitro es un discriminador. No voy a permitir que me falte el respeto tratándome de boliviano” (Raúl Ulloa, presidente de Gimnasia y Esgrima de Jujuy).
70) “Vuelvo porque si sos jugador garchás más”. Del tenista Gastón Gaudio para explicar su intento de regresar al primer nivel.
71) “Periodistas prestigiosos somos tres”, de Guillermo Salatino a Alberto Mancini tras la derrota con España en la Davis.
72) Luis Ventura director técnico de El Porvenir.
73) “Siga poniéndose tintura, Cherquis”. “Me pongo tintura porque tengo con qué y no uso tiradores ya que tengo sentido del ridículo” (edificante intercambio entre Elio Rossi y Ernesto Cherquis Bialo tras la renuncia de Basile a la Selección).
74) “He abandonado los principios del libre mercado para salvar el sistema del libre mercado” (George W. Bush).
75) ¿De qué crisis me hablan? No hay despidos ni suspensiones en Argentina (Hugo Moyano).
76) No necesitamos plan B (Cristina).
77) La canasta de Navidad oficial, “un kit popular” a 9 pesos que no está en ningún supermercado.
78) Menem pidió –otra vez– un salariazo.
79) “Siempre que veo en la tele a esos niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Me encantaría estar así de flaquita, pero no con todas esas moscas, muerte y esas cosas” (Mariah Carey).
80) Los chistes racistas de Berlusconi sobre el “bronceado” de Obama.
81) “Duermo como un bebé: cada dos horas me despierto y lloro” (John McCain, ex candidato republicano a la presidencia de EE.UU., luego de su derrota electoral).
82) “Pienso que debería haber usado otra retórica. Frases como ‘tráiganlos vivos o muertos’ hicieron creer a la gente que yo no era un hombre de paz” (George W. Bush, futuro ex presidente de EE.UU.).
83) “Hay que defender la ecología del Hombre” (Benedicto XVI para repudiar la homosexualidad e insistir con que Dios creó sólo hombres y mujeres).
84) La frase del rey de España a Chávez –“¿Por que no te callas?”– convertido en ringtone de éxito mundial.
85) “He dado la consigna que chileno que entra (a Perú) ya no sale, y si sale, saldrá en cajón. Si no hay suficientes cajones, saldrán en bolsas de plástico” (general Edwin Donayre, jefe del Ejército peruano).
86) Funcionario francés viajó a la Argentina a dar conferencias sobre seguridad y lo chorearon.
87) “Esto no es para mí” (Mario Pergolini al anunciar su retiro de la TV después de... 15 años en pantalla).
88) “¿Vos sos varón?” (Chiche Gelblung a Cumbio).
89) Un argentino participó en el campeonato mundial de avioncitos de papel.
90) Nino Dolce estrella mediática.
91) La conversión sexual de Reynaldo (el joven que se había casado con la octogenaria Adelfa).
92) Vecinos de La Plata quisieron impedir el recital del Indio Solari.
93) “No lo hacemos por dinero” (los Soda Stereo sobre su regreso).
94) “Si no dejan la droga, terminarán igual que yo: todos arrugados” (Keith Richards, sexagenario guitarrista de los Rolling Stones).
95) El raíd mediático de Adabel Guerrero para contar su operación vaginal.
96) La propuesta de los taxistas de La Plata: cobrar un salario para ser informantes de la policía.
97) “No soy un monstruo. Podría haberlos matado a todos y nadie se habría dado cuenta” (Josef Fritzl, jubilado austríaco que mantuvo encerrada a su hija en un sótano durante 24 años y engendró siete hijos con ella).
98) “El que sabe sabe, y el que no es consultor” (Guillermo Patota Moreno).
99) La ofensa de un sector peronista por un capítulo de Los Simpson que aludió a Perón como “un dictador sudamericano”.
100) Hacer el último diario de papel (una de las pocas boludeces que valen la pena).

martes 30 de diciembre de 2008

1º de Enero de 1959 : Revolución Cubana









Urfascismo / Umberto Eco

Urfascismo

 

Umberto Eco

 

En 1942, a la edad de diez años, gané el primer premio en los Ludi Juveniles (un concurso de libre participación forzosa para jóvenes fascistas italianos - es decir, para todos los jóvenes italianos). Había escrito con virtuosismo retórico sobre el tema "¿Debemos morir por la gloria de Mussolini y por el destino inmortal de Italia?". Mi respuesta había sido afirmativa. Era un chico listo.

 

Después, en 1943, descubrí el significado de la palabra libertad. Contaré esa historia al final del artículo. En aquel momento libertad aún no significaba liberación. Pasé dos de mis primeros años entre SS, fascistas y partisanos que se disparaban, y aprendí a evitar las balas. No estuvo mal como ejercicio.

 

En abril de 1945 los partisanos tomaron Milán. Dos días después llegaron a la pequeña ciudad donde yo vivía. Fue un momento muy alegre. La plaza mayor estaba atestada de gente que cantaba y agitaba banderas, invocando a grandes voces a Mimo, el jefe partisano de la zona. Mimo, ex sargento de carabinieri, se había unido a los de Badoglio y había perdido una pierna en uno de los primeros enfrentamientos. Salió al balcón del ayuntamiento apoyado en sus muletas, pálido; intentó calmar a la multitud con una mano. Yo estaba allí esperando su discurso, en vista de que toda mi primera infancia había estado marcada por los grandes discursos de Mussolini, cuyos pasajes más significativos aprendíamos de memoria en la escuela. Silencio. Mimo habló con voz ronca, casi ni se le oía. Dijo: "Ciudadanos, amigos. Tras tantos dolorosos sacrificios... aquí nos tenéis... ¡Gloria a los caídos por la libertad!" Fue todo. Y se metió dentro. La muchedumbre gritaba, los partisanos alzaron sus armas y dispararon festivamente al aire. Los niños nos abalanzamos a recoger los casquillos, valiosos objetos de colección, pero yo había aprendido también que la libertad de expresión significa libertad de la retórica.

 

Unos días después vi a los primeros soldados americanos. Eran afroamericanos. El primer Yanqui al que traté fue un negro, Joseph, quien me dio a conocer las maravillas de Dick Tracy y Li´l Abner: sus tebeos eran de colores y olían muy bien.

 

Uno de los oficiales (el mayor o capitán Muddy) se hospedaba en el chalet de la familia de dos compañeras de escuela. Yo andaba como por mi casa por aquel jardín donde algunas señoras hacían corro alrededor del capitán Muddy, hablando un francés bastante detestable. El capitán Muddy había ido a la universidad, quizás tenía un título, y sabía un poco de francés. Y así, mi primera imagen de los libertadores americanos, tras tantos rostros pálidos con camisas negras, fue la de un negro culto con un uniforme amarillo verdoso que decía: "Oui, merci beaucoup, Madame, moi aussi j´aime le champagne". Desgraciadamente no había champán, pero recibí del capitán Muddy mi primer chicle y empecé a mascarlo todo el día. De noche metía la bolita en un vaso de agua para mantenerla fresca hasta el día siguiente.

 

En mayo oímos decir que la guerra había acabado. La paz me produjo una curiosa sensación. Me habían dicho que la guerra permanente era la condición normal para un joven italiano. En los meses siguientes descubrí que la Resistencia no era sólo un fenómeno local, sino Europeo. Aprendí nuevas y excitantes palabras como réseau, maquis, armée secrète, Rote Kapelle, gueto de Varsovia. Vi las primeras fotografías del Holocausto y comprendí así su significado antes aún de conocer la palabra. Me di cuenta de qué nos habían liberado.

 

Hoy en Italia algunos se preguntan si la Resistencia tuvo un real impacto militar en el curso de la guerra. Para mi generación la cuestión es irrelevante: comprendimos inmediatamente el significado moral y psicológico de la Resistencia. Era un motivo de orgullo saber que nosotros, los europeos, no habíamos esperado pasivamente la liberación. Pienso que tampoco para los jóvenes americanos que derramaban su tributo de sangre por nuestra libertad era irrelevante saber que detrás de las líneas había europeos que estaban ya pagando su deuda. Hoy en Italia hay quien dice que el mito de la Resistencia era una mentira comunista. Es cierto que los comunistas explotaron la Resistencia como una propiedad particular, dado que tuvieron en ella un papel primordial; pero yo recuerdo partisanos con pañuelos de diversos colores. Pegado a la radio, me pasaba las noches - con la ventana cerrada y las luces apagadas que convertían al reducido  espacio en torno al aparato en el único halo luminoso- escuchando los mensajes que Radio Londres transmitía a los partisanos. Eran a un tiempo oscuros y poéticos (El sol sigue saliendo, Las rosas florecerán) y en su mayoría y eran "mensajes para la Franchi". Alguien me susurró que Franchi era el jefe de uno de los más poderosos grupos clandestinos de la Italia del Norte, un hombre de legendario valor. Franchi se convirtió en mi héroe. Franchi (cuyo verdadero nombre era Edgardo Sogno) era monárquico, tan anticomunista que después de la guerra se unió a grupos de extrema derecha y hasta fue acusado de colaborar en un intento de golpe de Estado reaccionario. Pero, ¡eso que importa! Sogno sigue siendo el Sueño de mi infancia. La Liberación no fue una empresa común de distinto color.

 

Hoy en Italia hay quien dice que la guerra de Liberación fue un período de división y que ahora necesitamos una reconciliación nacional. El recuerdo de aquellos años terribles debería ser reprimido, refoulée, verdrängt. Pero la Verdrängung provoca neurosis. Si reconciliación significa compasión y respeto hacia cuántos combatieron de buena fe en la guerra, perdón no significa olvido. Puedo admitir incluso que Eichmann creyera sinceramente en su misión, pero me siento incapaz de decir "okey, vuelve a hacerlo". Estamos aquí para recordar lo que ocurrió y para declarar solemnemente que Ellos no deben volver a hacerlo. Pero ¿quiénes son Ellos?

 

Si pensamos aún en los gobiernos totalitarios que dominaron Europa antes de la Segunda Guerra Mundial podemos decir con toda tranquilidad que será difícil verlos retornar de la misma forma en circunstancias históricas diversas. Si el fascismo de Mussolini se basaba en la idea de un jefe carismático, en el corporativismo, en la utopía del Destino Fatal de Roma, en una voluntad imperialista de conquistar nuevas tierras, en un nacionalismo exacerbado, en el ideal de toda una nación militarizada de camisas negras, en el rechazo de la democracia parlamentaria, en el antisemitismo, entonces no hay dificultad en admitir que la Alianza Nacional, nacida del MSI, es ciertamente un partido de derechas pero tiene poco que ver con el viejo Fascismo. Por las mismas razones, y aunque me preocupe la actuación de diversos movimientos filonazis aquí y allá en Europa, incluida Rusia, no pienso que el nazismo, en su forma original, esté a punto de reaparecer como movimiento que afecte a una nación entera.

 

No obstante, aunque los regímenes políticos puedan ser derribados, y las ideologías criticadas y deslegitimadas, tras un régimen y su ideología hay siempre un modo de pensar y de sentir, una serie de hábitos culturales, una nebulosa de instintos oscuros e insondables pulsiones. ¿Hay, pues, de nuevo otro fantasma que recorre Europa (por no hablar de otras partes del mundo)?

 

Ionesco dijo una vez que "sólo las palabras cuentan, el resto son chácharas". Los hábitos lingüísticos constituyen a menudo importantes síntomas de disentimientos inexpresados.

 

Permítanme, pues, preguntar por qué no sólo la Resistencia sino toda la Segunda Guerra Mundial han sido definidas en todo el mundo como una lucha contra el fascismo. Si releen ustedes Por quien doblan las campanas de Hemingway descubrirán que Robert Jordan identifica a sus enemigos con los fascistas, aún cuando piensa en los Falangistas españoles.

 

Permítanme dar la palabra a F. D. Roosevelt: “La victoria del pueblo americano y de sus aliados será una victoria contra el fascismo y el callejón sin salida del despotismo que éste representa" (23 de septiembre de 1944).

 

Durante los años del maccarthismo a los americanos que tomaron parte en la guerra civil española se les llamaba antifascistas prematuros, dando a entender con ello que luchar contra Hitler en los años cuarenta era un deber moral de todo buen americano, pero que luchar contra Franco demasiado pronto, en los años treinta, olía a podrido… ¿Por qué los radicales americanos usaban una expresión como Fascist Pig incluso para indicar a un policía que no aprobaba sus preferencias a la hora de fumar? ¿Por qué no decían cerdo Cagoulard, cerdo Falangista, cerdo Ustachi, cerdo Quisling, cerdo Ante Pavelic o cerdo Nazi?

 

Mein Kampf es el manifiesto completo de un programa político. El nazismo tenía una teoría del racismo y del arianismo, una noción concreta del entartete Kunst, el arte corrupto, una filosofía de la voluntad de poder y del Übermensch. El nazismo era decididamente anticristiano y neopagano, del mismo modo en que el Diamat (la versión oficial del marxismo soviético) de Stalin era claramente materialista y ateo. Si por totalitarismo se entiende un régimen que subordina todo acto individual al Estado y a su ideología, entonces nazismo y estalinismo eran regímenes totalitarios.

 

El fascismo fue ciertamente una dictadura, pero no era cumplidamente totalitario, no tanto por su blandura cuanto por la endeblez filosófica de su ideología. Al contrario de lo que suele pensarse, el Fascismo italiano carecía de filosofía propia. El artículo sobre el fascismo firmado por Mussolini para la Enciclopedia Treccani lo escribió o lo inspiró fundamentalmente Giovanni Gentile, pero reflejaba una noción tardohegeliana del Estado Ético y Absoluto que Mussolini nunca realizó por entero. Mussolini no tenía ninguna filosofía: tenía sólo una retórica. Empezó como ateo militante para después firmar el concordato con la Iglesia y dar la bienvenida a los obispos que bendecían los gallardetes fascistas. En sus primeros años anticlericales, según una leyenda muy verosímil, pidió una vez a Dios que un rayo lo fulminara allí mismo, para probar Su existencia. Dios estaba distraído, evidentemente. En años posteriores, Mussolini citaba siempre en sus discursos el nombre de Dios y no desdeñaba hacerse llamar el Hombre Providencial. Puede decirse que el fascismo italiano fue la primera dictadura de derechas que dominó un país europeo y que todos los movimientos análogos encontraron luego una especie de arquetipo común en el régimen mussoliniano. El fascismo italiano fue el primero en crear una liturgia militar, un folklore y hasta un modo de vestir –obteniendo en el extranjero más éxitos que Armani, Benetton o Versace. Hasta los años treinta no hicieron su aparición los movimientos fascistas en Inglaterra con Mosley, y en Letonia, Estonia, Lituania, Polonia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Grecia, Yugoslavia, España, Portugal, Noruega y hasta en América del Sur, por no hablar de Alemania. Fue el fascismo italiano el que convenció a muchos dirigentes liberales europeos de que un nuevo régimen estaba llevando a cabo interesantes reformas sociales capaces de suministrar una alternativa moderadamente revolucionaria a la amenaza comunista. No obstante, la prioridad histórica no me parece razón suficiente para explicar porqué la palabra Fascismo se convirtió en una sinécdoque, una denominación pars pro toto para movimientos totalitarios diferentes. No vale responder que el fascismo encerraba en sí todos los elementos de los totalitarismos posteriores en estado quintaesencial, por así decirlo. Muy por el contrario, el fascismo no poseía ninguna quintaesencia, y ni siquiera una esencia particular. El fascismo era un totalitarismo fuzzy.  

 

El fascismo no era una ideología monolítica, sino más bien un collage de diversas ideas políticas y filosóficas, un cúmulo de contradicciones. ¿Cabe acaso concebir un movimiento totalitario que consiga unir monarquía y revolución, Ejército Real y la milicia personal de Mussolini, los privilegios concedidos a la Iglesia y una educación estatal que ensalzaba la violencia, el control estatal absoluto y el libre mercado? El partido fascista había nacido proclamando su nuevo orden revolucionario, pero estaba financiado por los terratenientes más conservadores que se esperaban una contrarrevolución; el fascismo de los inicios era republicano y sobrevivió veinte años proclamando su lealtad a la Familia Real, permitiendo a un Duce (el indudable Líder Máximo) arrastrar del brazo a un Rey al que brindó también el título de Emperador. Pero cuando en 1943 el Rey despidió a Mussolini, el partido reapareció dos meses después, con ayuda de los alemanes, bajo la bandera de una república “Social”, reciclando su vieja partitura revolucionaria enriquecida con acentos casi jacobinos.

 

Hubo una sola arquitectura y un solo arte nazis. Si el arquitecto nazi era Albert Speer, no había sitio para Mies van der Rohe. Del mismo modo, bajo Stalin, si Lamarck tenía razón no había sitio para Darwin. Por el contrario, hubo ciertamente arquitectos fascistas, pero al lado de sus pseudocoliseos surgieron asimismo edificios inspirados en el moderno racionalismo de Gropius.

 

No hubo un Zdanov fascista, pero en Italia hubo dos importantes premios artísticos: el Premio Cremona, controlado por un fascista inculto y fanático como Farinacci, que impulsaba un arte propagandístico (me acuerdo de un Escuchando en la radio un discurso del Duce, o Estados mentales creados por el Fascismo); y el Premio Bérgamo, patrocinado por un fascista culto y razonablemente tolerante como Bottai, que protegía el arte por el arte y los nuevos experimentos del arte de vanguardia proscritos en Alemania como corruptos y criptocomunistas, contrarios al kitsch nibelungo, el único admitido. El poeta nacional era D´Annunzio, un dandy que en Alemania o en Rusia hubiera acabado ante un pelotón de fusilamiento. Fue ascendido al rango de Vate del régimen por su nacionalismo y su culto al heroísmo –con el añadido de fuertes dosis de Decadentismo francés.

 

Tomemos el Futurismo. Habría debido ser considerado un ejemplo de entartete Kunst, al igual que el expresionismo, el cubismo y el surrealismo. Pero los primeros Futuristas italianos eran nacionalistas, defendieron por razones estéticas la participación italiana en la primera guerra mundial, ensalzaron la velocidad, la violencia, el riesgo, y en cierto modo estos aspectos parecieron cercanos al culto fascista de la juventud. Cuando el fascismo se identificó con el Imperio Romano y redescubrió las tradiciones rurales, Marinetti (que proclamaba que un automóvil era más bello que la Victoria de Samotracia y hasta quería matar al claro de luna), fue elegido miembro de la Academia de Italia, que trataba al claro de luna con gran respeto.

 

Muchos de los futuros partisanos, y de los futuros intelectuales del Partido Comunista, fueron educados por el GUF, la asociación fascista de los estudiantes universitarios, que debía ser la cuna de la nueva cultura fascista. Estos clubes se convirtieron en una especie de gran crisol intelectual en el cual las nuevas ideas circulaban sin el menor control ideológico real, no tanto porque los hombres del partido fuesen tolerantes cuanto porque pocos de entre ellos poseían los instrumentos culturales para controlarlos.

 

En el curso de aquel ventenio, la poesía de los Herméticos representó una reacción contra el estilo pomposo del régimen; a estos poetas se les permitió elaborar una protesta literaria desde el interior de las torres de marfil. El sentir del Hermetismo era exactamente lo contrario del culto fascista al optimismo y al heroísmo. El régimen toleraba este palmario aunque socialmente imperceptible disenso porque no prestaba atención a jerga tan arcana.

 

Lo cual no significa que el Fascismo italiano fuera tolerante. Gramsci fue encarcelado y murió en prisión. A Matteotti y a los hermanos Rosselli los asesinaron, la prensa libre fue suprimida, los sindicatos desmantelados, a los disidentes políticos se los confinó en islas remotas, el poder legislativo se convirtió en una mera ficción e el ejecutivo (que controlaba al judicial, así como a los mass media) promulgaba directamente las nuevas leyes, entre las cuales estuvieron también las de defensa de la raza (el apoyo formal italiano al Holocausto). La incoherente imagen que acabo de describir no era fruto de la tolerancia, sino un ejemplo de desquiciamiento político e ideológico. Pero era un ejemplo de desquiciamiento ordenado, una confusión estructurada. El Fascismo estaba filosóficamente desquiciado pero desde el punto de vista político sus goznes se hallaban firmemente anclados en algunos arquetipos.

 

Hemos llegado ahora al segundo punto de mi tesis. Hubo un solo Nazismo, y no podemos llamar Nazismo al Falangismo hipercatólico de Franco, pues el Nazismo es fundamentalmente pagano, politeísta y anticristiano, o no es Nazismo. En cambio, es posible jugar al Fascismo de muchos modos sin que cambie el nombre del juego. Con la noción de Fascismo ocurre lo que, según Wittgestein, ocurre con la noción de juego. Un juego puede ser o no ser competitivo, pueden jugarlo una o más personas, puede requerir cierta especial habilidad o ninguna, puede tener o no premios en metálico. Los juegos son una serie de actividades diversas que muestran sólo cierto parecido de familia.

 

1 abc

2 bcd

3 cde

4def

 

Supongamos que exista una serie de grupos políticos. El grupo Uno se caracteriza por los aspectos abc, el grupo Dos por los bcd, y así sucesivamente. Dos se parece a Uno en que tienen dos aspectos en común. Tres se parece a Dos y Cuatro se parece a Tres por la misma razón. Obsérvese que Tres se parece asimismo a Uno (tienen en común el aspecto c). El caso más curioso lo constituye Cuatro, obviamente parecido a Tres y a Dos, pero sin ninguna característica común con Uno. Y sin embargo, a causa de la ininterrumpida serie de similaridades decrecientes entre Uno y Cuatro, perdura, por una especie de transitividad ilusoria, un aire de familia entre Cuatro y Uno.

 

El Fascismo se ha convertido en un término que se adapta a todo porque de un régimen fascista es posible eliminar uno o más aspectos sin que deje de ser reconocible como fascista. Quítenle al Fascismo el imperialismo y tendrán Franco y Salazar; quítenle el colonialismo y tendrán el Fascismo balcánico. Añádanle al Fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó a Mussolini) y tendrán a Ezra Pound. Añádanle el culto a la mitología céltica y el misticismo del Grial (totalmente ajenos al Fascismo oficial) y tendrán a uno de los más respetados gurús fascistas, Julius Evola.

 

A despecho de esta confusión, creo que es posible indicar una lista de características típicas de lo que me gustaría llamar Urfascismo, o Fascismo Eterno. Dichas características no pueden ser ordenadas en un sistema; muchas se contradicen entre sí y son típicas de otras formas de despotismo o de fanatismo. Pero basta con que una de ellas esté presente para que cuaje una nebulosa fascista.

 

Uno. La primera característica de un Urfascismo es el culto a la tradición. El tradicionalismo es más viejo que el fascismo. No sólo fue típico del pensamiento contrarrevolucionario católico posterior a la Revolución Francesa sino que nació en la tardía época helenística, como reacción contra el racionalismo clásico griego.

 

En la cuenca del Mediterráneo, los pueblos de religiones diversas (aceptadas todas con indulgencia por el Panteón romano) empezaron a soñar con una revelación recibida en el alba de la historia humana. Esta revelación había permanecido largo tiempo oculta bajo el velo de lenguas ya olvidadas. Estaba confiada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de las religiones asiáticas.

 

Esta nueva cultura debía ser sincrética. Sincretismo no es sólo, como indican los diccionarios, la combinación de diversas creencias y prácticas. Tal combinación debe tolerar las contradicciones. Todos los mensajes originarios contienen un germen de sabiduría y cuando semejan decir cosas distintas o incompatibles es sólo porque todos aluden, alegóricamente, a alguna verdad primitiva.

 

Como consecuencia, no puede haber avance del saber. La verdad ha sido ya anunciada de una vez para siempre y sólo podemos continuar interpretando su oscuro mensaje. Basta mirar el sílabo de cualquier movimiento fascista para hallar a los principales pensadores tradicionalistas. La gnosis nazi se nutría de elementos tradicionalistas, sincréticos, ocultos. La más importante fuente teorética de la nueva derecha italiana, Julius Evola, mezclaba el grial con los Protocolos de los Sabios de Sión, la alquimia con el Sacro Imperio Romano Germánico. El propio hecho de que para demostrar su apertura mental una parte de la derecha italiana haya ampliado recientemente su sílabo metiendo en la misma bola a De Maistre, Guenon y Gramsci es una prueba palmaria de sincretismo.

 

Si ustedes curiosean en los estantes que en las librerías americanas llevan la indicación “New Age” se encontrarán incluso con San Agustín, el cual, por lo que yo sé, no era fascista. Pero el mismo hecho de juntar a San Agustín con Stonehenge es un síntoma de Urfascismo.

 

Dos. El tradicionalismo implica el rechazo del Modernismo. Tanto los Fascistas como los Nazis adoraban la tecnología, mientras que los pensadores tradicionalistas suelen rechazarla como negación de los valores espirituales tradicionales. No obstante, aunque el Nazismo estuviera orgullosos de sus éxitos industriales, su alabanza de la modernidad era sólo el aspecto superficial de una ideología basada en la Sangre y la Tierra (Blut und Boden). El rechazo del mundo moderno se camuflaba como condena del modo de vida capitalista, pero abarcaba igualmente la repulsa del Espíritu de 1789 (o de 1776, obviamente). La Ilustración, la Edad de la Razón, se ven como el inicio de la depravación moderna. En esto el Urfascismo puede ser definido como irracionalismo.

 

Tres. El irracionalismo depende también del culto a la acción por la acción. La acción es bella en sí, y por ende debe ser llevada a cabo antes de cualquier reflexión, y sin esta. Pensar es una forma de castración. Por ello la cultura es sospechosa, en la medida en que se identifica con actitudes críticas. De la declaración atribuida a Goebbels (“cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola”) al uso frecuente de expresiones como cerdos intelectuales, cabezas de huevo, snobs radicales, las universidades son un nido de comunistas, la sospecha hacia el mundo intelectual siempre ha sido un síntoma de Urfascismo. Los intelectuales oficiales fascistas se dedicaban principalmente a acusar a la cultura moderna y a la intelligentsia liberal de haber abandonado los valores tradicionales.

 

Cuatro. Ninguna forma de sincretismo puede aceptar la crítica. El espíritu crítico opera distinciones y distinguir es señal de modernidad. En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de avance de los conocimientos. Para el Urfascismo, el desacuerdo es traición.

 

Cinco. El desacuerdo es además una señal de diversidad. El Urfascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista o prematuramente fascista es contra los intrusos. El Urfascismo es, pues, racista por definición.

 

Seis. El Urfascismo brota de la frustración individual o social. Lo cual explica que una de las características típicas del fascismo haya sido el llamamiento a las clases medias frustradas, incómodas por alguna crisis económica o humillación política y espantadas por la presión de los grupos sociales subalternos. En nuestro tiempo en que los viejos “proletarios” se están convirtiendo en pequeña burguesía (y los lumpen se autoexcluyen de la escena política), el fascismo encontrará en esa nueva mayoría su auditorio.

 

Siete. A quienes carecen de toda identidad social, el Urfascismo les dice que su único privilegio es el más común de todos, haber nacido en el mismo país. Este es el origen del nacionalismo. Además, los únicos que pueden proporcionar una identidad a la nación son los enemigos. Y así, en la raíz de la psicología Urfascista está la obsesión de la conspiración, de ser posible internacional. Los partidarios deben sentirse sitiados. La forma más sencilla de hacer emerger una conspiración consiste en apelar a la xenofobia. Pero la conspiración debe venir también de adentro: los judíos suelen ser el mejor objetivo, ya que presentan la ventaja de estar al mismo tiempo dentro y fuera. En los Estados Unidos, el último ejemplo de la obsesión de la conspiración está representado por el libro The New World Order de Pat Robertson.

 

Ocho. Los partidarios deben sentirse humillados por la ostensible riqueza y la fuerza de sus enemigos. Cuando era niño me enseñaban que los ingleses eran “el pueblo de las cinco comidas”: comían más a menudo que el pobre y sobrio italiano. Los judíos son ricos y se ayudan entre sí gracias a una red secreta de asistencia mutua. Los partidarios deben sin embargo estar convencidos de que pueden derrotar a sus enemigos. Y así, gracias a un contínuo desplazamiento de registro retórico, los enemigos son al mismo tiempo demasiado fuertes y demasiado débiles. Los fascistas están condenados a perder sus guerras porque son constitucionalmente incapaces de valorar objetivamente la fuerza del enemigo.

 

Nueve. Para el Urfascismo no existe lucha por la vida, sino más bien vida para la lucha. El pacifismo es, pues, colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente. Esto, empero, entraña un complejo de Armageddón: desde el momento en que los enemigos pueden y deben ser derrotados, deberá haber una batalla final tras la cual el movimiento controlará al mundo. Tal solución final implica una posterior era de paz, una Edad de Oro que contradice el principio de la guerra permanente. Ningún líder fascista ha conseguido nunca resolver esta contradicción.

 

Diez. El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, por cuanto fundamentalmente aristocrático. En el curso de la historia, todos los elitismos aristocráticos o militaristas han implicado el desprecio por los débiles. El Urfascismo no puede por menos de predicar un elitismo popular. Todo ciudadano pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del partido son los mejores ciudadanos, todo ciudadano puede (o debería) llegar a ser miembro del partido. Pero no puede haber patricios sin plebeyos. El líder, que sabe perfectamente que su poder no le viene por delegación, sino que ha sido conquistado por la fuerza, sabe también que su fuerza se basa en la debilidad de las masas, tan débiles que necesitan y merecen un Dominador. Desde el momento en que el grupo está organizado jerárquicamente (según un modelo militar), todo líder subordinado desprecia a sus subalternos, y cada uno de estos desprecia a sus inferiores. Todo ello refuerza el sentido del elitismo de masas.

 

Once. Con esta perspectiva, a cada cual se lo educa para ser un Héroe. En todas las mitologías el Héroe es un ser excepcional, pero en la ideología Urfascista el heroísmo es la norma. Este culto al heroísmo está estrechamente ligado al culto de la muerte: no en vano el lema de los Falangistas era Viva la Muerte. A las personas normales se les dice que la muerte es desagradable pero que hay que afrontarla con dignidad; a los creyentes se les dice que es un modo doloroso de alcanzar una felicidad sobrenatural. El héroe urfascista, en cambio, aspira a la muerte, anunciada como la mejor recompensa de una vida heroica. En su impaciencia, agreguemos, resulta más frecuente que lleve a los demás a morir.

 

Doce. Dado que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Urfascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Este es el origen del machismo (que implica desdén a las mujeres y una condena intolerante de los hábitos sexuales no conformistas, desde la castidad a la homosexualidad). Y dado que también el sexo es un juego difícil de jugar, el héroe urfascista juega con las armas, que son su Ersatz fálico: sus juegos de guerra se deben a una permanente Invidia Penis.

 

Trece. El Urfascismo se basa en un populismo cualitativo. En una democracia los individuos gozan de derechos individuales, pero el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo (se siguen las decisiones de la mayoría). Para el Urfascismo los individuos en cuanto tales carecen de derechos y el pueblo está concebido como una cualidad, un ente monolítico que expresa la Voluntad Común. Dado que ninguna cantidad de seres humanos puede poseer una voluntad común, el Líder pretende ser su intérprete. Habiendo perdido su poder de delegación, los ciudadanos no actúan, sólo son llamados, pars pro toto, a representar el papel del Pueblo. El Pueblo es, así, sólo una ficción teatral. Para tener un buen ejemplo de populismo cualitativo ya no necesitamos la Piazza Venezia o el Estadio de Nuremberg. En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo Vos o Internet, en el cual la respuesta emotiva de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la Voz del Pueblo. En razón de su populismo cualitativo, el Urfascismo debe oponerse a los “podridos” gobiernos parlamentarios. Una de las primeras frases pronunciada por Mussolini en el parlamento italiano fue: “Hubiera podido transformar esta sala sorda y gris en un vivac para mis escuadrones”. En realidad encontró de inmediato un alojamiento mejor para sus soldados, pero poco después liquidó el Parlamento. Siempre que un político siembra dudas sobre la legitimidad del Parlamento porque ya no representa la Voz del Pueblo, podemos sentir el olor a Urfascismo.

 

Catorce. El Urfascismo habla la Neolengua. La Neolengua fue inventada por Orwell en su novela 1984 como lengua oficial del INGSOC, el Socialismo Inglés, pero elementos de Urfascismo son comunes a formas distintas de dictadura. Todos los textos escolares nazis o fascistas estaban basados en un léxico pobre y una sintaxis elemental con el fin de limitar los instrumentos para un razonamiento complejo y crítico. Pero hemos de estar preparados para identificar otras formas de Neolengua, incluso cuando adoptan la “inocente” forma de un talk-show de televisión.

 

Tras haber indicado los posibles arquetipos del Urfascismo permítaseme llegar a una conclusión. La mañana del 27 de Julio de 1943 me dijeron que, según las informaciones leídas por radio, el Fascismo se había derrumbado y habían detenido a Mussolini. Mi madre me mandó a comprar el periódico. Fui al kiosco más cercano y vi qué periódicos había, pero los nombres eran distintos. Además, tras una breve ojeada a los titulares, me di cuenta de que cada periódico decía cosas diferentes. Compré uno al azar y leí un mensaje impreso en primera plana, firmado por cinco o seis partidos políticos, como Democracia Cristiana, Partido Comunista, Partido de Acción, Partido Socialista, Partido Liberal. Hasta ese momento yo había creído que en todos los países había un solo partido, y que en Italia este era el Partido Nacional Fascista. Estaba descubriendo que en mi país podían existir distintos partidos al mismo tiempo. Y no sólo eso: dado que era un chico avispado, me di cuenta enseguida de que era imposible que tantos partidos hubieran nacido de la noche a la mañana. Comprendí así que existían antes como organizaciones clandestinas.

 

El mensaje celebraba el final de la dictadura y el retorno de la libertad: libertad de expresión, de imprenta y de asociación política. Era la primera vez en mi vida que leía estas palabras, libertad, dictadura, -¡Dios mío!-. Y en virtud de estas nuevas palabras había renacido como hombre occidental y libre.

 

Hemos de procurar que el sentido de estas palabras nunca se olvide. El Urfascismo está aún a nuestro alrededor, a veces vestido de paisano. Resultaría muy cómodo, para nosotros, que alguien apareciese en la escena del mundo y dijese: “Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que los camisas negras desfilen de nuevo en las plazas italianas”. La vida no es tan simple, ¡ay! El Urfascismo puede aún regresar bajo los disfraces más inocentes; nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice a cada una de sus nuevas formas –todos los días, en cualquier parte del mundo. Doy de nuevo la palabra a Roosevelt: “Me atrevo a decir que si la democracia en Estados Unidos cesase de avanzar como una fuerza viva, tratando día y noche, por medios pacíficos, de mejorar las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del Fascismo crecerá en nuestro país” (4 de Noviembre de 1938). Libertad y Liberación son una tarea que no acaba nunca. Sea este nuestro lema: No Olvidemos. Permítaseme terminar con una poesía de Franco Fortini:

 

En el pretil del puente,

Cabezas de ahorcados,

En el agua de la fuente,

Las babas de los ahorcados.

 

En las losas del mercado,

Uñas de fusilados,

Entre el heno del prado,

Dientes de fusilados.

 

Morder el aire, morder las piedras,

Nuestra carne no es ya de hombres,

Morder el aire, morder las piedras,

Nuestro corazón no es ya de hombres.

 

Mas lo hemos leído en los ojos de los muertos

Y a la tierra traeremos libertad.

Mas los puños de los muertos la aferraron

Y la justicia llegará.

jueves 18 de diciembre de 2008

It´s not the bus: it´s us / Thomas Sugrue (The London Review of Books)

It’s not the bus: it’s us

Thomas Sugrue

  • The Soiling of Old Glory: The Story of a Photograph that Shocked America by Louis Masur  

In the United States the flag has the status of a religious icon, a totem. It cannot be carried horizontally or flat, but must always be ‘aloft and free’. There is a protocol for folding it, it can’t touch the ground, it can’t be burned except when it is worn out or irreparably damaged and then only as part of a special ritual. Military men and women salute it, civilians hold their right hands over their left breasts when singing ‘The Star-Spangled Banner’, and schoolchildren pledge allegiance to it. It is also a ubiquitous presence in the American landscape. The Red, White and Blue waves from people’s porches, flies over car dealerships and gas stations and adorns flower-pots; cars are festooned with it in the form of bumper stickers, window decals and antenna pennants. The flag decorates the altars of churches of every denomination except those of a few dissenting sects. And it has become a necessary accessory for political candidates. Early in his campaign, Barack Obama was criticised for his unpatriotic failure to display a flag lapel pin: as president-elect he now regularly wears one.

America’s freewheeling consumer culture has spawned all sorts of profitable bastardisations of the flag: it appears on swimming costumes and thongs, on hardhats and baseball caps, on flip-flops and tennis shoes. Today the commercial desacralisation of Old Glory goes without comment, though it was a cause of outrage before the 1960s, when Americans were desensitised by blue jeans with flag pockets and flag-printed T-shirts. Allen Ginsberg – always good for political theatre – turned the Star-Spangled Banner into a top hat and perched it on his bushy head. Somehow, over the last forty years, Americans have managed to reconcile their twin idols: free enterprise and the flag.

Like all religious and national symbols, the flag has no single meaning. It can be a symbol of conservatism or a banner of protest. Radicals and artists sometimes trample, burn or mutilate it, but in the post-9/11 years dissenters are more likely to fly the flag than besmirch it. Protesters against the war in Iraq, adopting the slogan ‘peace is patriotic,’ often carry the flag; and two years ago advocates of immigrant rights, many of them non-citizens, waved it in massive demonstrations and pledged allegiance in Spanish.

Of the various iconic representations of the flag of the last half-century, from Jasper Johns’s series of paintings to the image of construction workers hoisting it above the debris at the collapsed World Trade Center in September 2001, one of the most famous is the subject of Louis Masur’s latest book. On 5 April 1976, the photographer Stanley Forman of the Boston Herald American followed a group of anti-Civil Rights protesters onto the plaza outside Boston’s City Hall. His picture shows Joseph Rakes, a white teenager, wielding Old Glory as a spear, lunging forward as if he were about to impale Theodore Landsmark, a well-dressed black attorney who’d had the misfortune to cross paths with the protesters. As Landsmark tries to dodge his attacker, a heavy-set white man appears to restrain him, readying him for martyrdom.

In the bicentenary year of America’s independence, Forman’s photograph was a reminder that, despite celebrations of its revolutionary glory and proclamations of its national greatness, the country had not overcome its original sin of racism. That Forman shot his photograph in Boston, a city that called itself the Cradle of Liberty, made it even more effective. Most Americans associate racial injustice with the South, and many Northerners insist on their racial innocence. ‘If I hear the four hundred years of slavery bit one more time,’ a white Northerner complained to the journalist Pete Hamill in 1970, ‘I’ll go outta my mind.’

Joseph Rakes and his comrades were working-class whites protesting against court-mandated school desegregation. In 1974, a federal judge, W. Arthur Garrity Jr, had ordered the Boston school district to remedy its racial imbalance by sending students, usually by bus, to schools outside their racially homogeneous neighbourhoods. Boston’s whites – mostly Irish Catholic and fiercely turf-conscious – argued that the desegregation plan would destroy their ‘neighbourhood schools’. The anti-busing movement saw the ubiquitous yellow school buses as a symbol of tyrannical social engineering. Buses carrying black students into all-white South Boston were pelted with rocks; most white parents refused to put their children on buses going into predominantly black neighbourhoods. Several years of protest, sometimes prayerful, often violent, ensued.

Anti-busing leaders denied that their protest had anything to do with racism. Louise Day Hicks, a city council member who was nearly elected mayor on an anti-busing platform, said that busing was ‘undemocratic, un-American, absurdly expensive and diametrically opposed to the wishes of the parents in this city’. William Bulger, the flamboyant state senator whose district was the bastion of the anti-busing movement, lamented the ‘unremitting, calculated, unconscionable portrayal’ of his mostly Irish-American constituents ‘as unreconstructed racists’. Defending ‘the natural rights of parents to safeguard the education of their children in their traditional local schools’, Bulger argued, ‘does not mean that we oppose the ideals of integrated education’. It just meant that integration would be impossible.

Boston’s Irish-Americans, the largest ethnic group in the city and the most visible of its anti-busing activists, cast themselves as the victims of history, blacks as feckless and undeserving, and advocates of school desegregation as oppressors. In a peculiarly American version of victimology and self-reinvention, they invoked their ancestors’ tales of workplace signs that read ‘No Irish Need Apply,’ and claimed that through hard work and gumption they had risen above oppression while blacks continued to wallow in self-pity.

Boston’s Irish were not alone in their resentments. Martin Luther King was pelted with bricks when he led marches in Chicago’s Polish and Lithuanian enclaves during the summer of 1966. Throughout the 1970s, Italians in Brooklyn fiercely defended their turf from blacks. And in 1972, whites in Pontiac, Michigan, a blue-collar city near Detroit, held violent anti-desegregation demonstrations and destroyed several school buses. Just two years before the Boston busing crisis, the right-wing pundit Michael Novak, a staunch defender of working-class whites, expressed his disbelief that they could even be accused of anti-black prejudice: ‘Racists? Our ancestors owned no slaves. Most of us ceased being serfs only in the last two hundred years.’ ‘White ethnics’, as they were called, resented being held accountable for America’s troubled racial past. But like the flag-wielding Rakes, they couldn’t contain the racism that animated their movement. As the Civil Rights activist Julian Bond said, ‘It’s not the bus: it’s us.’

The history of Civil Rights struggles in the North remains largely unwritten, but the Boston crisis has been the subject of several major books, documentary films and dozens of articles, which Masur ably summarises here. The most influential accounts, by J. Anthony Lukas and Ronald Formisano, offer sympathetic portraits of Boston’s working-class whites, who, it’s argued, were the victims of class prejudice on the part of ‘limousine liberals’ like Judge Garrity. Sanctimonious suburbanites could escape the remedies that they imposed on blue-collar Bostonians – they didn’t have to send their children to school with the Negroes – while they held urban whites in contempt as redneck racists.

The Manichean narrative – elitist social engineers versus long-suffering working-class whites – downplays everyday racism, marginalises the Civil Rights activists and black parents who fought for decades against Boston’s separate and unequal schools, and draws a false dichotomy between urban and suburban whites. Urban whites in Boston and throughout the North were not racial innocents. Their neighbourhoods were segregated as a result of long-standing public policies, real estate practices and everyday violence that restricted blacks’ freedom of choice in the property market. A black person who made the mistake of crossing one of the city’s invisible racial boundaries would be beaten or worse. Blacks couldn’t move into white neighbourhoods unless whites were already fleeing. Real estate agents wouldn’t show them houses there, banks wouldn’t give them loans or mortgages, and if they were lucky enough to buy a home, angry white neighbours would retaliate with violence.

The busing crisis emerged after years of white indifference and outright hostility to Civil Rights activism. The city council, school officials and ordinary white citizens alike ignored charges that majority black schools were underfunded and inferior. Even symbolic gestures of reconciliation met with contempt. At a St Patrick’s Day parade in 1964, a group of working-class whites threw eggs and stones at a float sponsored by the Boston branch of the National Association for the Advancement of Colored People. Suburban whites didn’t bother to jeer or throw eggs, but they were even more powerful in perpetuating blacks’ second-class status. The absence of black people in their neighbourhoods and schools was one of suburbia’s main attractions. Racism took different forms in city and suburbs, but it was built into the institutions, the school districts, local government, the housing and labour markets, into the very terrain of the metropolitan North.

In the years leading up to the busing crisis, the most progressive activists, policymakers and litigators in the North had come to realise that the key to racial equality was opening up the suburbs and their exclusive school districts on a non-discriminatory basis. But that proved to be an enormously difficult task. In 1968 a widely acclaimed but very small Boston area desegregation programme led some white suburbs to allow a token number of self-selecting black students to enrol in their school districts. But anything resembling region-wide racial integration was unthinkable – and, by the time of Garrity’s ruling, nearly impossible. In 1974, in Milliken v. Bradley, a divided Supreme Court struck down cross-district school desegregation – the only chance Boston and other Northern cities ever had to overcome racial divisions. Judge Garrity, limousine liberal or not, was bound by theMilliken precedent. He couldn’t order a desegregation plan that included Boston and its suburbs.

Anti-busing leaders adopted the rhetoric of colour blindness to give their movement a patina of respectability, but Rakes was not so careful. One commentator, alluding to Emerson’s description of the opening battle of the American Revolution, called Forman’s photograph ‘the shot heard round the world for its indelible portrait of American racism’. In many respects, however, Rakes’s act was one of the last, desperate expressions of the anti-busing movement, which quickly faded in the late 1970s and 1980s, as whites withdrew their children from ostensibly integrated schools and moved to the suburbs, which, especially after Milliken, were perceived as places of safety by whites escaping the threat of racial integration. (Rakes himself now lives in Maine.)

Anti-busers’ efforts to preserve their racially homogeneous neighbourhoods and schools failed, but the larger effort to thwart desegregation was all too successful. Northern school districts never really desegregated and, in fact, became more racially polarised in the last quarter of the 20th century. Boston, like every major Northeastern and Midwestern metropolitan area, is balkanised by black and white. In 2006, the Supreme Court struck down voluntary school desegregation plans in Seattle, Washington and Louisville, Kentucky as constitutionally impermissible uses of racial classification. American education remains racially separate and unequal.

Masur reflects briefly on the history of segregation since 1976, but the heart of his book is a reflection on the indeterminacy of representation, and on the contingency that made Forman’s photograph possible. In the book’s most intriguing section, Masur reconstructs the events of 5 April. Forman got his shot because he arrived late at the protest and stood apart from the gaggle of photographers, all of whom missed the assault on Landsmark. But their photographs – and those that Forman took but didn’t publish – capture the chaos and ambiguity of the events at City Hall. Rakes didn’t succeed in planting the flag in Landsmark’s body. The man who appears to restrain Landsmark in the photo, James Kelly, an anti-busing leader and later a city councilman, was actually trying to prevent the assault. The photos Forman took next show that Kelly interposed himself between Rakes and Landsmark, calming the crowd. Forman’s photograph alone is an inadequate document of what happened that day. But it captured the underlying reality of racism – the arbitrary violence and terror that supported it – and most important, the way the flag could become an instrument of dispossession and oppression.

In his reflections on the meaning of Forman’s photograph, Masur occasionally ventures into unfruitful art historical speculation, musing on the religious symbolism of Rakes’s act and comparing it to the Roman centurion piercing the side of the crucified Christ in Rubens’s painting. Ultimately, the power of the photograph derives from the centrality of Old Glory itself. Rakes desecrated the flag by using it as a weapon, but in doing so he revealed the inextricable connection between racism and American patriotism, between America’s long history of racial exploitation and its most cherished symbol. In the microsecond it took him to capture the soiling of Old Glory, Forman held a lens up to America’s dualism, and above all to the unresolved tensions of race that are at the core of American identity. The Stars and Stripes was born of both slavery and liberty, and African Americans, more than any group in America, understood its doubleness. During the Civil War, freed slaves rallied around it, but at the turn of the 20th century, the African Methodist Episcopal Bishop Henry McNeal Turner declared that ‘to the Negro the American flag is a dirty and contemptible rag.’ In the 1960s, Civil Rights demonstrators carried it again, as a reminder that they too had the right to be full American citizens.

On 4 November more than 100,000 people – black and white – gathered in Chicago’s Grant Park to celebrate the election of Barack Obama. There, in the heart of one of America’s most segregated cities, they waved countless little flags. It was a moment of unity in a country where the Red, White and Blue is still tainted black and white. Three decades after the soiling of Old Glory, we have overcome. And we have not.

Thomas Sugrue is Kahn Professor of History and Sociology at the University of Pennsylvania.

domingo 30 de noviembre de 2008

Manual para salvar la Tierra / Jostein Gaarder (El Correo de la UNESCO)

Hacia el final de su vida, el filósofo alemán Emmanuel Kant consideró que un imperativo moral imponía a cada país unirse a una suerte de “alianza de los pueblos”, única en grado de garantizar la coexistencia pacífica entre Estados. En ese sentido el pensador alemán fue el primero en apadrinar la idea de las Naciones Unidas. Dos siglos más tarde hemos celebrado el 50º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. Hemos tenido buenas razones para hacerlo porque los derechos humanos tienen ahora y siempre necesidad de ser protegidos contra los ataques y violaciones brutales de los cuales son objeto. La diferencia consiste en que desde hace más de medio siglo contamos con una institución y un instrumento que nos permite defenderlos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos es sin duda la mayor victoria hasta la fecha de la filosofía. Debemos valorarla como tal porque los derechos humanos no nos fueron concedidos por potencias superiores ni nos llegaron por acto de magia. Son el logro de una maduración milenaria, de un lento proceso que adeudamos, en lo esencial, al trabajo de escritura. Detrás de esta tradición humanista se encuentran hombres de carne y hueso que, en diferentes momentos de sus vidas, tomaron la pluma y pusieron su pensamiento al servicio de la humanidad.
Hacia una Declaración Universal de Deberes Humanos
La cuestión que se nos plantea, al alba de un nuevo milenio, es saber cuánto tiempo podremos continuar hablando de derechos sin preocuparnos también por los deberes del individuo. Tal vez necesitemos de una nueva declaración universal. Quizá ha llegado la hora de adoptar una Declaración Universal de los Deberes Humanos. No podemos seguir contentándonos con invocar derechos sin insistir en los deberes de cada uno tanto en lo que concierne a los Estados como a las personas. En la base de toda ética se encuentra la famosa “regla de oro”; no hagas a los demás lo que no deseas que te hagan a tí. Principio de reciprocidad que Kant formuló de la siguiente manera: la acción justa es aquella que querríamos que cada uno cumpliera en una situación similar. A doscientos años de su muerte comenzamos recién a hacernos a la idea de que el principio de reciprocidad debe aplicarse también entre países ricos y países pobres. Y lo mismo vale para las relaciones intergeneracionales. Preguntémonos: ¿Hubiéramos deseado que las generaciones precedentes talaran más de lo que lo hicieron los bosques tropicales o los bosques en general? ¿Habríamos preferido que nuestros ancestros exterminaran aún más especies vegetales y animales? Si la respuesta es negativa, tenemos pues el deber de preservar la diversidad biológica. Nada prueba que Kant hubiera tolerado nuestro consumo desenfrenado de energías no renovables. Comencemos entonces a interrogarnos si nosotros hubiéramos querido que nuestros ancestros quemaran la misma cantidad de combustible por persona que nosotros hacemos hoy. Somos la primera generación en afectar el clima del planeta y sin duda la última en no tener que pagar por ello un precio muy elevado.
Somos primates
Algunos ya lo dijeron: el problema con la nave espacial Tierra es que nos fue entregada sin el correspondiente manual de instrucciones. De ser así, ¿por qué no redactarlo? Para hacerlo tenemos que recurrir sin duda a la filosofía. Con frecuencia suele repetirse que las ideologías han muerto. Sin embargo, ¿el consumismo no es una ideología? ¿Se trata realmente del único modelo posible? En el primer peldaño del tercer milenio existen temas que la filosofía no puede eludir: ¿Qué cambios de conciencia son necesarios? ¿Qué define una sabiduría durable? ¿Dar prioridad a qué calidades vitales? ¿Cuáles son los verdaderos valores? ¿Qué modo de vida adoptar? Y sobre todo ¿qué forma de movilización es posible en el seno de la aldea global? En la actualidad muchas personas tienen conciencia de los desafíos planetarios. Pero nos sentimos paralizados por los sistemas político y económico. Por otra parte las figuras políticas saben mucho más de cuanto sus actitudes dejan suponer. Tal es la paradoja, estamos plenamente informados y sabemos que el tiempo apremia pero no somos capaces de retroceder antes de que sea demasiado tarde. La filosofía tendrá un papel decisivo a desempeñar para permitirnos negociar la revolución necesaria a nuestra supervivencia. Los filósofos y los escritores estuvieron en la vanguardia de la lucha por los derechos humanos y también deberán estarlo en la vanguardia de la batalla por los deberes. Una vieja parábola alecciona que si se arroja una rana en agua hirviente ésta saltará de inmediato para salvarse. Pero si se coloca a la misma rana en una cacerola de agua fría cuya temperatura se va elevando gradualmente hasta que comience a hervir, la rana no será consciente del peligro y perecerá en el agua hirviente. ¿Nuestra generación se parecerá a la imagen de la rana y la filosofía moderna estará confrontada a idéntico peligro? No estamos seguros de que sea así, pero algo es seguro: debemos decidir. No podemos contar con ninguna ayuda externa. Nadie en el espacio que nos circunda, ninguna fuerza sobrenatural acudirá a salvarnos en el momento en el que el mundo comenzará a hervir. Somos, es verdad, criaturas eminentemente sociales. Pero además somos pasablemente egocéntricos y fatuos. No podemos seguir solo relacionándonos unos con otros: Pertenecemos también a la Tierra en la que vivimos. Esto constituye también una parte esencial de nuestra identidad. Es cierto que nosotros, modernos seres humanos hemos sido modelados en gran medida por nuestra historia cultural, por la civilización que nos ha nutrido, eso que denominamos patrimonio cultural. Pero también somos el producto de la historia biológica del planeta. Somos los portadores de un patrimonio genético. Somos primates. Somos vertebrados. Fueron necesarios billones de años para crearnos. Pero, ¿estamos seguros de que aún estaremos aquí al término del tercer milenio? Los humanos son sin duda las únicas criaturas vivientes del universo dotadas de una conciencia universal. Por tanto nuestro deber de preservación del medio ambiente viviente de nuestro planeta no es sólo mundial sino cósmico. La filosofía no es nada más ni nada menos que el elogio de la conciencia humana. ¿No es acaso entonces deber del filósofo ser el primero en defenderla contra su aniquilación?

La imagen y la palabra / Nadine Gordimer (El Correo de la UNESCO)

En el principio era el Verbo. Y el Verbo era creación. Su transformación en palabra escrita sucedió cuando se grabó por primera vez en forma de jeroglífico o ideograma en una piedra o se dibujó en un papiro, emprendiendo así el viaje que la llevaría al pergamino y más tarde a la imprenta con Gutenberg. La palabra escrita fue la segunda génesis que dio nacimiento a la lectura y la escritura, esa portentosa capacidad que, entre todos los entes del milagro de la creación, sólo el ser humano posee, habiendo concebido así el medio de elevar su espíritu. Nuestro nuevo milenio, entregado a la causa de definir y hacer respetar los derechos humanos, ¿no debería incluir entre ellos el derecho inalienable a aprender a leer y escribir? La UNESCO señala que en nuestros días hay alrededor de 700 millones de adultos analfabetos y que más de 72 millones de niños no van a la escuela, viéndose así privados de un patrimonio legítimo: leer y escribir. En el país desde el que escribo estas líneas, Sudáfrica, hay algunas zonas rurales en las que prácticamente la mitad de la población es analfabeta. Nos preguntamos si las causas del analfabetismo son universales o debemos buscarlas en el entorno próximo en que vivimos, cualquiera que sea. La pobreza y la falta de infraestructuras educativas son obviamente responsables de la ignorancia en las naciones pobres y los países en desarrollo. Los efectos económicos catastróficos del analfabetismo pueden observarse en los medios humildes, como muestra por ejemplo una investigación sobre una planta de montaje de automóviles en Sudáfrica, donde muchos obreros sólo pueden seguir órdenes impartidas verbalmente, incapaces de leer cualquier instrucción consignada por escrito. En la enseñanza superior, las universidades tropiezan con el problema de la presencia de estudiantes aparentemente calificados para ingresar en ellas, pero que de hecho carecen del vocabulario y la capacidad de escribir que son necesarios para cursar estudios superiores. La escasez de candidatos suficientemente competentes para ocupar puestos claves en el desarrollo de la administración, los servicios sociales, la industria y el comercio, es una realidad manifiesta. El Presidente Mbeki dijo hace poco que para satisfacer las necesidades que implica el rápido crecimiento de la economía de Sudáfrica –la mejor dotada en recursos e infraestructuras de todo el continente africano– es necesario importar profesionales calificados de otros países para que ocupen los puestos de trabajo que no se pueden cubrir y para que, al mismo tiempo, contribuyan a la capacitación de los sudafricanos, a fin de que éstos puedan desempeñar más tarde esos puestos, especialmente en el sector industrial. Una versión reinventada del clásico precepto “ayúdense los unos a los otros”.
Pero volvamos a lo fundamental. Aunque parezca superfluo decirlo, parece necesario reiterar que el dominio de la lectura y la escritura es la base de cualquier aprendizaje, incluso cuando se opta por adquirir conocimientos científicos expresados en forma de números e ideogramas y que poseen un sentido diferente. Con respecto a la palabra escrita, hemos llegado a una situación intermedia, bastante frecuente hoy en día: la semialfabetización. Este fenómeno es común en los países plurilingües, donde una prolongada colonización hizo que un idioma extranjero se impusiera y subsistiera como lengua franca, es decir como segundo idioma distinto de la lengua materna y nativa de los autóctonos. Lo normal para una persona es que, una vez que domina el alfabeto, se exprese en su propia lengua con una seguridad y precisión con las que probablemente no sería capaz de leer y escribir en la lengua franca. No obstante, un eminente escritor y académico, el profesor Es’kia Mphahlele, me ha dicho que los sudafricanos negros acaban su escolaridad semialfabetizados, dominando a medias la lectura y escritura en sus lenguas maternas respectivas, y que ocurre exactamente lo mismo con los sudafricanos blancos y los de otros orígenes étnicos y lingüísticos. No podemos decir que esté alfabetizada la persona que es capaz de leer los anuncios publicitarios y los diálogos contenidos en las tiras cómicas, pero que no puede comprender el vocabulario de un poema ni captar, en una prosa, las variantes sintácticas significativas o las formas de usar las palabras que abren nuevos horizontes a una comprensión más profunda de la propia personalidad. No podemos aceptar esto como un ejemplo del derecho de todo individuo a saber leer y escribir. Aunque en los países en desarrollo se den más motivos para que sólo se consiga aprender a leer y escribir a medias, no son los únicos que se encuentran en una situación cultural de este tipo. Los centros de enseñanza superior de los Estados Unidos señalan que el sistema educativo estadounidense presenta las mismas deficiencias, que son un reflejo de los valores culturales actualmente predominantes en la sociedad de ese país.
En Gran Bretaña se da por desgracia una situación idéntica entre los jóvenes de ambos sexos que, pese a haber nacido y estudiado en la cuna del idioma inglés, no pueden leer y escribir utilizando plenamente los ricos recursos de su lengua materna. Así, aunque la pobreza y la falta de posibilidades educativas ocasionen esa gran carencia que representa el analfabetismo en nuestro mundo, no son la causa principal ni mucho menos la justificación del fenómeno tan extendido de la semialfabetización. El hecho es que el espectro de la imagen que se yergue amenazadora contra la palabra escrita se cierne sobre todos nosotros, tanto los países desarrollados desde hace mucho tiempo como los que están luchando por desarrollarse y salvar el abismo que separa a las naciones pobres y ricas. Desde el primer tercio del siglo XX, la imagen ha venido desafiando el poder de estímulo de la imaginación y de apertura de la mente humana que posee la palabra escrita. El cuento relatado a los niños a la hora de ir a la cama ha sido sustituido por la hora de sentarlos frente a la televisión. Las antenas que pueblan las barriadas miserables de todos los países pobres del mundo entero denotan la presencia de televisores accionados por generadores eléctricos que excluyen la presencia de los libros en los hogares. En pueblos y aldeas donde no existe una sola biblioteca escolar o municipal, siempre es posible alquilar videocintas. Es cierto que las imágenes televisivas van acompañadas de la palabra oral, así como de textos algunas veces, pero son ellas las que al final determinan el papel secundario que desempeña la palabra. El escritor estadounidense William Gass define con acierto la palabra escrita situándola en su ámbito físico: el libro. “No comprenderemos lo que es un libro ni por qué posee el valor que tienen muchas personas… si olvidamos cuán importante es su corporeidad, es decir la materia misma con la que ha sido fabricado para mantener agrupado y salvaguardado el lenguaje de sus líneas… Claro está que las palabras que aparecen en una pantalla tienen cualidades virtuales… pero están desprovistas de materialidad y son meras sombras que se desvanecerán cuando la luz del televisor se apague. No existen como tales palabras fuera de la pantalla. No permanecen para que podamos volver a verlas y releerlas, sino que deben rehacerse volviendo a conectar el televisor”. En efecto, la imagen del texto y de la palabra desaparece de la pantalla, y para que aparezca de nuevo, junto con los demás elementos visuales, es preciso poseer un televisor y disponer de pilas o baterías, o estar conectado con la red eléctrica. El libro no necesita ninguno de esos artilugios. Se lleva simplemente en la mano y se puede leer y hojear tantas veces como se quiera en el autobús, el metro, la bañera, la cumbre de una montaña o mientras hacemos cola. Esto no supone que nos apartemos del progreso adoptando una actitud reaccionaria. Los grandes adelantos de las técnicas de comunicación han traído consigo una revolución en el universo de la información que ofrece enormes posibilidades para el desarrollo social, a condición de que esas técnicas se utilicen como es debido. Esto supone ponerlas al alcance del bolsillo de millones de personas del mundo entero, quienes de no ser así verán sus vidas avasalladas por la oligarquía financiera de la mundialización. Pero la información jamás podrá sustituir ni hacer obsoleta la iluminación del entendimiento, el afán de conocer del intelecto y el espíritu humano que, como todos los lectores saben, tienen por origen la comunión con la palabra contenida en los libros, a veces empastado, otras encuadernado en rústica, que podemos llevar a todas partes y tenemos siempre a mano en el hogar. Primero surgió la videocinta como falso sucedáneo del libro. Después apareció la Web. No dejemos que suceda.

domingo 23 de noviembre de 2008

Paul Krugman Premio Nobel de Economía 2008 (Página 12)

El galardón parece una autocrítica de la Academia por haber premiado repetidamente a neoliberales. Krugman es un fuerte cuestionador de la política estadounidense y lo fue de la convertibilidad argentina en los ’90.

El economista estadounidense Paul Krugman ganó ayer el Premio Nobel de Economía por su investigación sobre intercambios comerciales y la ubicación espacial de la actividad económica. La Real Academia de Ciencias de Suecia destacó la teoría del profesor de la Universidad de Princeton y columnista del diario norteamericano The New York Times, en la que integra los efectos del comercio y la globalización y los factores que determinan los procesos de urbanización a escala planetaria. Pero más allá del trabajo académico que motivó la entrega del Nobel, Krugman se caracterizó en los últimos años por ser uno de los economistas más críticos de la política neoliberal del gobierno de los Estados Unidos y en particular el salvataje financiero propuesto por el secretario del Tesoro, Henry Paulson.
“Para ser absolutamente honesto, pensé que este día podía llegar en algún momento, pero estaba absolutamente convencido de que no iba a ser hoy”, reconoció Krugman al enterarse ayer de la noticia. El economista ganó buena parte de su reputación en el ámbito de la economía por su contribución a la teoría de comercio estratégico, bajo la premisa de que los países pueden sacar ventaja a otras naciones a través de subsidios de industrias estratégicas. Además, la teoría de Krugman demuestra que la globalización favorece un modelo por el que la gente se ve atraída hacia los centros urbanos. Sin embargo, la popularidad del economista creció en mayor medida a partir de sus columnas de opinión en uno de los diarios más importantes del mundo, desde donde lanzó fuertes cuestionamientos a la administración de George W. Bush.
“El Sr. Bush ha degradado nuestro gobierno”, escribió en la columna del 18 de mayo de 2007. Allí agregó que el presidente de los EE.UU. llevó al país “a un estratégico desastre y miseria moral”. El profesor de Princeton también rechazó la política económica propuesta por el secretario del Tesoro, Henry Paulson, para sortear la actual crisis financiera internacional. “Lo que Paulson solicita para sí mismo –y para su sucesor– es un poder extraordinario para emplear el dinero de los contribuyentes en un plan que, en mi opinión, no tiene ni pies ni cabeza”, llegó a decir Krugman desde su columna en The New York Times, previo a la discusión parlamentaria del salvataje.
De hecho, en un artículo publicado ayer, Krugman aseguró que la filosofía de la administración Bush consiste en el “bien privado y mal público”, y culpó a Paulson de actuar con lentitud ante la crisis. En cambio, rescató el plan impulsado por el gobierno británico. “Para suerte de la economía del mundo, las acciones de Gordon Brown y su gabinete sí tienen sentido. Y ellos nos podrían estar mostrando el camino en esta crisis”. Según el economista, la solución “natural” a la crisis financiera norteamericana sería mediante “la provisión por parte de los gobiernos de más capital a las instituciones financieras a cambio de una participación como propietarios”.
Krugman, de 55 años, nació en Long Island y se licenció en Economía en la Universidad de Yale, en 1974. Tres años más tarde se doctoró en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) e integró el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca entre 1982 y 1983, durante la presidencia de Ronald Reagan. Escribió varios libros y desde 1999 es columnista regular del The New York Times. En 1992, Krugman recibió la medalla John Bates Clark, otorgada cada dos años al economista de menos de 40 años que haya “contribuido significativamente al conocimiento económico”. Ese Premio, que también obtuvo otro premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, es considerado como la antesala de un futuro Nobel.
En 1994, visitó la Argentina para participar de una convención sobre finanzas. Entre distintos viajes que realizó al país, aquel se destacó por sus advertencias sobre la rigidez del sistema de convertibilidad y la escasa capacidad de ahorro interno, lo que podría llevar a una recesión. Entonces, Krugman aseguró que no debía prolongarse el uno a uno por más de cuatro años. En mayo de 2004, coincidió en Nueva York en una conferencia con el ex presidente Néstor Kirchner, donde ambos señalaron al FMI como uno de los responsables de la crisis de 2001. Ese mismo año publicó un artículo titulado “Estados Unidos queda cerca de la Argentina”, donde trazó un probable paralelismo entre lo que pasó en nuestro país a fines del 2001 y lo que puede suceder en EE.UU. a causa del fuerte déficit fiscal.
Krugman recibirá por parte del rey de Suecia una medalla de oro, un diploma y un cheque de 10 millones de coronas suecas (1,03 millón de euros), en una ceremonia que se celebrará el 10 de diciembre en Estocolmo. Al ser consultado sobre si el Premio Nobel podría cambiar la forma en que son percibidas sus opiniones en materia económica, Krugman aclaró que imagina una situación parecida a la de “Joe Stiglitz”, a quien considera su amigo. “La gente dice: ‘Seguro, es un gran Premio Nobel y es muy inteligente, pero en este caso no sabe de qué está hablando’.”

jueves 20 de noviembre de 2008

Francisco Franco (y amigos) : el horror. A 33 años de su muerte, que se investiguen los horrores de su dictadura.





































Pity en Viejas Locas : Me gustas mucho

domingo 9 de noviembre de 2008

1917 : Revolución Rusa





































miércoles 5 de noviembre de 2008

Aire fresco : Barack Obama




AL BASURERO DE LA HISTORIA : NUNCA MAS